Daniel Adelbert es un prospector, un experto en localizar objetos únicos de la historia, especialmente del siglo XX. Durante años tan solo ha trabajado a los servicios de Ludwig Rosesthein, pero un tal Kenzô Inamura está dispuesto a cualquier cosa para que trabaje para él y hará todo lo que esté en su mano para persuadirle. Incluso secuestrarle para poder tratar los puntos de su petición en persona. En esta ocasión Inamura lo que desea es que localice a una persona, no un objeto, lo que no deja de resultar intrigante para Daniel.

 

Mientras esto sucede, Willian Ellis a través de una cuenta de correo fantasma contacta con su amiga y colega Alicia Lagos, poniendo en sus manos de periodista una información que es probable que deba terminar utilizando, ya que cree firmemente que su vida peligra. Y no debía andar tan desencaminado cuando muere pocas horas después atropellado en las calles de Londres.

 

Por último asistiremos a una serie de capítulos, denominados Interludios, en los que podremos vislumbrar una institución, un centro de adiestramiento, una serie de sujetos que son sometidos durante horas y horas a pruebas de lógica y a una serie de cuestiones que mostrarán su valía. Y, ¿casualidades de la vida?, nacieron todos ellos en el mes de enero de hace 13 años. ¿Por qué? ¿Quiénes son estos sujetos? Tendréis que leer la novela para descubrirlo.

 

Aunque contemos con estos tres componentes tan dispares para la ecuación, David B. Gil conseguirá ir enlazando personajes y tramas hasta dar coherencia a todo este entramado. Para ello, nos hará recorrer más de medio mundo: los fiordos noruegos, las lujosas calles de Tel Aviv, el moderno Londres, la verde Irlanda, la luz mediterránea de Marsella, la futurista Singapur… El mundo se le queda pequeño a Gil para todo lo que quiere que veamos a través de sus páginas.

 

A pesar de lo que pueda parecer en esto que os cuento, Hijos del dios binario no transcurre en la época actual. De entrada son pocos los indicios, pero poco a poco se irán multiplicando. Pantallas flexibles, tapices luminosos, vehículos con conducción automática, pago con huella digital. Aunque las referencias a elementos que nos recuerdan a nuestro día a día son abundantes, la introducción de guiños a objetos más adelantados a nuestro tiempo es frecuente y progresiva. De este modo el autor logra que los lectores menos versados en este tipo de género vayamos entrando poco a poco en la historia para lograr engancharnos, y que de este modo el elemento de ciencia ficción sea tan solo una parte más de la historia.

 

“El dios binario no proclama nada, simplemente existe en los intersticios del ciberespacio, se alimenta de toda la información y de todas las emociones que vomitamos en la Red, y por eso nos comprende mejor que cualquier otro. Ellos lo buscan con devoción, aun a sabiendas de que nunca lo encontrarán, y esa búsqueda los realiza y los hace sentirse plenos.”

 

Porque sí, Hijos del dios binario tiene ciencia ficción, tiene thriller, tiene intriga… Tiene un compendio de ingredientes que consigue articular como si fuesen las piezas de un reloj suizo. Consigue que apreciemos ese punto de realidad que tiene la historia a partir de las locaciones que podemos visualizar a golpe de búsqueda en internet, que dejemos viajar nuestra imaginación a partir de los elementos menos apegados a la realidad pero sin embargo absolutamente verídicos, que permanezcamos pegamos a las páginas del libro como si fuese una bolsa de pipas en los momentos en que la trama es más vertiginosa.

 

Creo que uno de los puntos fuertes de la novela es precisamente esa accesibilidad a todos los públicos que ofrece. Reconozco que aunque leo ciencia ficción ocasionalmente, a veces me resulta difícil entrar en este tipo de libros por su especificidad o su tecnicismo. Sin embargo, a pesar de que es el hilo conductor de este libro, no es lo que predomina. Pesarán más las investigaciones en los diferentes casos por parte de los personajes, las búsquedas individuales de la verdad.

 

Reconozco que el inicio me resultó un tanto más lento. Aunque no dejo de oír a todo el mundo que es una novela que te atrapa desde la primera página, yo tardé algo más en sentir que necesitaba saber cómo terminaba todo. Desde mi punto de vista los primeros capítulos son más de situación, de descripción de los personajes, de recreo con las localizaciones, soltando las dosis justas de información para que quieras saber un poco más. Sin embargo, pasadas estas primeras 100 páginas, el resto fluye como la seda y el final resulta ser el broche perfecto a una serie de afortunadas situaciones que llevan la novela justo a donde tiene que llegar. Hijos del dios binario es una de esas historias que te hacen disfrutar del viaje, pero que además de eso te deja un buen sabor de boca con un final a la altura de las expectativas.

 

 

Título: Hijos del dios binario.
Autor: David B. Gil
Editorial: Suma (2016)
ISBN: 9788483658543
Páginas: 576
Precio: 18,90€
Ficha en Suma: http://www.megustaleer.com/libro/hijos-del-dios-binario/ES0141140