La gente habla del hogar familiar como un lugar idílico, un oasis de bienestar donde refugiarse y sentirse protegido. Generalmente, la gente suspira con pasar unos días en la casa paterna, recibir los cuidados de sus padres, dejar que tu madre haga que la aguja de la báscula se dispare por culpa de potajes y comidas copiosas, no tener que realizar tareas domésticas porque te tengan a cuerpo de rey. Esa imagen ensoñadora en la que te sientes como un bebé rodeado de gruesos cojines, mullidos y confortables, arropado con una manta calentita.

 

Así debería ser el hogar de nuestros padres, precisamente eso: un hogar. Un lugar en el que refugiarte, al que acudir cuando estás desorientado y perdido. La educación de tus padres deberían ser un faro que alumbre y guíe tus pasos, un arma que te ayude a pisar con fuerza por la vida, con confianza y determinación. Pero por desgracia no siempre es así.

 

No sé qué clase de obsesión tiene Gillian Flynn con el horror doméstico, pero está claro que sabe meter el dedo en la llaga. Los crímenes de una localidad estadounidense de Misuri nos quedan lejanos, muy de novela, muy de ficción. Pero sabe cómo introducirte en ese pequeño pueblo de Wind Gap, que lo sientas como tuyo y que ese terror se te incruste en los poros.

 

Camille es periodista en Chicago, en un periódico poco conocido. Su jefe Curry descubre que hay una noticia para cubrir en Wind Gap, y por lo tanto empuja a Camille a que regrese a su lugar de origen a cubrir la historia. Podrá aportar una visión más completa al conocer la zona y las gentes, y encima al hospedarse en casa de su madre el alojamiento le saldrá gratis al periódico. Pero como decía más arriba, la vuelta a casa no siempre es un momento soñado para algunos.

 

Algunos padres creen que sigues siendo esa misma muchacha que salió por la puerta con la maleta unos años atrás. Pero la vida continúa, la gente evoluciona y te conviertes en un adulto igual que ellos. Pero ellos no consiguen ni verlo ni aceptarlo. Te hacen sentir como si aún tuvieras 12 años, con miradas inquisitivas y preguntas incómodas, con juicios de valores por cuestiones que creías superadas cuando decidiste vivir tu propia vida. Pero siempre consiguen hacerte sentir de nuevo como una niña.

 

“De niña, no recuerdo haberle dicho nunca a Adora cuál era mi color preferido, ni qué nombre me gustaría ponerle a mi hija cuando fuese mayor. No creo que llegase a saber nunca cuál era mi plato favorito y desde luego nunca me presenté en su cuarto de madrugada, llorando por culpa de las pesadillas. Siempre siento lástima por la niña que fui, porque nunca se me pasó por la cabeza que mi madre pudiese consolarme. Nunca me ha dicho que me quiere, y nunca he supuesto que sea así. Se ocupaba de mí. Atendía mis necesidades. Ah, sí, y una vez me compró una crema con vitamina E.”

 

Así es como Adora consigue que Camille se sienta en el mismo momento que atraviesa el umbral de su casa. Pero es que esa casa no es una casa cualquiera. Cuando Camille era pequeña, su hermana Marian murió muy enferma, y ese fantasma sigue pesando sobre la existencia de Adora. Para colmo, entran en juego un padrastro transparente, que ni pincha ni corta en la vida de la familia, y una hermanastra caprichosa y depravada, Amma.

 

Con este cuadro familiar, Camille irá a cubrir la noticia de la desaparición de Natalie, una niña de 10 años. No debería ser algo excesivamente relevante si no hubiera aparecido otra niña asesinada, Ann, un año antes. La aparición finalmente del cuerpo de Natalie, y en ambos casos con ambos cuerpos estrangulados y con los dientes arrancados, enlazan los casos.

 

Al ser nuestra protagonista una periodista en vez de un policía o un detective, la investigación transcurre más de puntillas, más como espectadores que como protagonistas. Camille pregunta, indaga, pero no es ella quien lleva el caso. En este sentido la trama avanza más lenta, centrándose más en la historia familiar de Camille, en sus traumas infantiles, en trazar un perfil de su madre Adora y su hermanastra Amma, dos personajes femeninos terroríficos en algunos puntos, que nublarán la fuerza de Camille como una sombra, desenterrando viejos fantasmas.

 

Para Camille no será sólo como volver a la infancia. Tiene demasiadas Heridas abiertas, tanto metafórica como literalmente, ya que es una persona que visualiza palabras sobre su piel, palabras que le queman y que necesita grabar con la ayuda de un cuchillo, grabar de verdad, cubrir su cuerpo de llagas castigadoras, y a veces esa llamada de su piel quema demasiado.

 

“Sentí cómo mi cuerpo se enardecía. Me puse a pasear por la habitación, traté de recordar cómo respirar, cómo calmar mi piel… pero esta me seguía gritando. A veces mis cicatrices tienen vida propia.”

 

El personaje de Camille me ha resultado fascinante. Una mujer atormentada por su pasado, que no consigue poner orden en su presente, alcohólica, con graves problemas psicológicos, pero aún así muy muy fuerte, con una personalidad firme, con determinación y con las cosas claras. No es fácil volver a un pueblo donde todas las amigas de la infancia que aún viven allí se han convertido en esposas y madres, y donde todas te interrogan acusadoras intentando entender por qué no tienes un marido protector y una recua de niños agarrados a tus faldas.

 

Perdida en su momento generó sentimientos encontrados entre los lectores. Yo no esperaba demasiado de la novela, tan solo un best-seller fácil de leer y poco más. Y aunque para mí fue un poco más que eso tampoco creo que fuese la novela del año. Sin embargo, Heridas abiertas es completamente diferente. Sí, es cierto que ese leitmotiv de los horrores que tenemos de puertas adentro de nuestros hogares se mantiene, pero tanto la narrativa como la trama son mucho más elaboradas, mucho más crudas y mucho mejor perfiladas. Y sorprende aún más sabiendo que esta novela es anterior a Perdida, no posterior. El debut literario de Flynn. Y que no es tan conocida como Perdida. Y no puedo comprenderlo, porque me ha parecido una novela soberbia.

 

 

Título: Heridas abiertas (Sharp Objects)
Autor: Gillian Flynn.
Traductor: Ana Alcaina Pérez.
Editorial: Penguin Random House (Colección Roja y Negra) (2014)
Año de publicación: 2006.
ISBN: 9788439728115
Páginas: 312
Precio: 16,90€
Ficha de Heridas abiertas en Roja y Negra:

http://www.rojaynegra.com/libro/heridas-abiertas-2/