Este año se ha celebrado la octava entrega del festival de novela policíaca de Madrid en Getafe, mi tercer año como asistente, y mi undécima visita a un festival negro criminal. Quizá ese haya sido el problema.

 

El programa tardó en salir. Se adelantó el inicio del festival para hacerlo coincidir con el calendario del ganador en España del Premio RBA 2015 Don Winslow. Por lo tanto el día 7 de octubre ya había actividades del festival y aún no había programa. Las fechas oficiales del festival han sido del 13 al 25 de octubre. ¿Demasiados días para un festival? Según se mire. Yo este tipo de eventos siempre los miro con los ojos del extraño, del visitante, del de fuera. Por lo tanto cuantos menos días y más actividades potentes en fin de semana, mejor para los foráneos. Pero la realidad no suele ajustarse nunca a esa expectativa. En esta ocasión un programa dilatado en el tiempo, con cerca de dos semanas de actividades y dosis con cuentagotas para dar opción a los lugareños de encontrar un hueco para acercarse. Realmente los festivales están pensados para los autóctonos, y desde esa perspectiva está bien que duren muchos días.

Aunque tenía reservados los días de vacaciones desde diciembre, finalmente han sido solo 3 días los que he estado por Getafe. He preferido quedarme un par de días en Madrid y aprovechar la oferta cultural de la capital. Y es que aunque entiendo los motivos sentimentales de organizar el festival en Getafe, queda lejos de la villa de Madrid y los motivos para quedarse en el centro siempre son más atractivos.

 

Debido al poco tiempo que he estado en el festival mi visión es muy sesgada. Apenas puedo ser objetiva con lo que he visto y oído, y por lo tanto vuelvo con el ánimo un tanto bajo. En 3 días de festival he encontrado muy poca literatura y muchas mesas sobre otros temas. En mi tiempo en Getafe podía decir que he escuchado hablar principalmente sobre tres bloques temáticos: las mujeres, la Transición española y la literatura. Sí, afortunadamente algo de literatura ha habido.

 

Cristina Fallarás, Mercedes Castro, Pilar Cabrera, Isabel Fuentes y Paula Daly

Cristina Fallarás, Mercedes Castro, Pilar Cabrera, Isabel Fuentes y Paula Daly

El miércoles por la tarde tuvimos dos mesas exclusivamente de mujeres. No todas escritoras y quizá de ahí que los temas se desviasen demasiado. La primera mesa supuestamente versaba sobre madres en la novela negra, “¿Y tú qué clase de madre eres?”, con la participación de Paula Daly, Isabel Fuentes, Mercedes Castro y Cristina Fallarás, bajo la coordinación de Pilar Cabrera. Pero quitando la aportación de Cristina Fallarás que arrancó su disertación con ese punto de partida, el resto de ponentes enseguida desviaron el tema hacia el tema femenino en general. Sí, estaban de acuerdo en que hay pocas madres en la literatura negro-criminal debido a los estereotipos del género, y ya. Se terminó hablando de feminismo, de machismo, de misoginia y de los problemas que las mujeres tenemos en nuestro día a día todavía hoy. Pero de maternidad en el género más bien poco.

Maribel Medina, Najat el Hachmi, Belén Cebrián, Alicia Giménez Bartlett y Zaida Cantera.

Maribel Medina, Najat el Hachmi, Belén Cebrián, Alicia Giménez Bartlett y Zaida Cantera.

Acto seguido vino otra charla, “Mujer tenías que ser”, con Alicia Giménez Bartlett, Zaida Cantera, Najat el Hachmi y Maribel Medina dirigidas por Belén Cebrián. En parte debido a que al parecer las participantes no escucharon la charla anterior, los temas se repitieron. Sobre literatura nos habló algo más la reciente ganadora del Premio Planeta Alicia Giménez Bartlett, una mujer que desprende inteligencia en cada una de las afirmaciones que pronuncia y que tuvo que poner los puntos sobre las íes a la moderadora en más de una ocasión. Como buena novelista conoce bien el uso que debemos hacer del lenguaje y advirtió a la coordinadora de la mesa Belén Cebrián de que no lo estaba utilizando bien. Y es que el hecho de que preguntes por “características típicamente femeninas” y lo ejemplifiques con la maternidad, pueden hacer saltar ampollas en aquellas mujeres que al no ser madres pueden sentirse ofendidas con esto. Se habló del ejército, se habló de ayuda humanitaria, de inmigración y de temas interesantes. Pero de literatura, de nuevo, poco.

 

Jordi Llobregat, Bernard Minier, Alexis Ravelo y David Barba.

Jordi Llobregat, Bernard Minier, Alexis Ravelo y David Barba.

El jueves por la mañana vinieron en nuestro rescate Alexis Ravelo, Bernard Minier y Jordi Llobregat. Una mesa que se presentaba aburrida y repetitiva por el manido tema de “La muerte de la novela negra” terminó viajando hasta el mundo de la filosofía, bajo la dirección de David Barba. Las conclusiones de la mayoría eran rotundas: la novela negra no morirá, pero sí lo harán las malas novelas. Aunque como es evidente, dentro de una burbuja como la que vivimos hoy en día con un exceso de publicaciones en general, y de novela negra en concreto, grandes novelas corren el riesgo de no llegar a ser descubiertas. Y a eso apelaban los ponentes hablando de la falta de unos guías que nos ayuden a discernir el grano de la paja: los críticos literarios, figura que está siendo sustituida hoy en día por novelistas. Y aunque hay escritores que ejercen ese papel de manera magistral, corren el riesgo de no ser objetivos debido a claros conflictos de intereses. En resumen, no importa tanto si muere o no el género mientras la buena literatura prevalezca. Una de las mejores mesas a las que asistí y que os la cuenta mucho mejor Juan Carlos Galindo aquí.

 

Rosa Ribas, Lorenzo Rodríguez Garrido y Sabine Hoffman

Rosa Ribas, Lorenzo Rodríguez Garrido y Sabine Hoffman

Después de comer tuvimos el placer de escuchar y aprender de Rosa Ribas y Sabine Hoffman en la mesa “Literatura alemana”, una pareja de autoras que lleva tiempo trabajando en equipo pero que no siempre es fácil ver juntas en una mesa. Como la mayor curiosidad que despiertan es su método de trabajo en eso se centró en inicio la charla coordinada por Lorenzo Rodríguez Garrido. Cómo realizan el esquema inicial, cómo se reparten los capítulos, cómo corrigen y modifican el trabajo de la otra, y cómo todo ese esfuerzo está dirigido para que el lector no pueda saber en ningún momento quién ha escrito cada una de las partes de la novela. También se habló mucho de edición, de las diferencias que existen entre Alemania y España, de cómo allí hay una proliferación aún mayor de novela negra que aquí, incluso centrada para determinados colectivos dentro del público: novelas para jardineros, para jugadores de golf, para personas residentes en las diferentes regiones de Alemania… Sí, sorprendente. Y cómo nuestros autores apenas llegan allí porque no se apuesta tanto por la traducción, a excepción de la de origen británico o norteamericano, sino más bien por la creación local.

 

Carlos Zanón y Julián Ibáñez.

Carlos Zanón y Julián Ibáñez.

Tras Ribas y Hoffman subieron a escena dos “Gatos Salvajes”: Carlos Zanón y Julián Ibáñez; dos autores que se aman y veneran mutuamente. Como novelistas, entiéndanme. Debido a la ausencia de un moderador la charla fue muy informal, buscando en todo momento la participación del público con preguntas y curiosidades. Hablaron sobre los temas que escogen, sobre la maestría de Ibáñez a la hora de crear personajes femeninos sensuales, sobre la genialidad de Zanón plasmando el alma humana. Tramas potentes en ambos creadores, pero especialmente con fuerza en sus personajes, en su prosa, en la forma de contar historias. Por ello sorprende aún más la afirmación de Ibáñez de que él no entiende nada de literatura, que tan solo escribe, oficio con el que se divierte y disfruta durante horas cada día. Uno de los temas que era inevitable que saliese fue la columna que este verano escribió Zanón sobre festivales de novela negra. Una columna con la que estoy muy de acuerdo y que explicó a cuento de qué venía: en Francia hay aún más festivales que aquí, pero están profesionalizados. Se pagan los honorarios del escritor y a cambio este debe hacer los deberes y llevar sus temas bien preparados. Se pasan horas y horas firmando libros hasta que los libreros quedan satisfechos. El planteamiento es mucho más profesional y por ello funcionan de otro modo, al contrario que en nuestro país donde muy pocos son los que pagan a los escritores y eso no hace más que devaluar el trabajo que realizan en los festivales, trabajo que acaba diluido y convertido más en un encuentro de amigos que en otra cosa.

Juanjo Braulio, Antonio Parra, Santiago Álvarez y Gabi Martínez.

Juanjo Braulio, Antonio Parra, Santiago Álvarez y Gabi Martínez.

 

La jornada del viernes vino marcada por el tema de la transición, del franquismo y cómo seguimos anclados en el pasado. Pero antes de eso, pudimos escuchar a Juanjo Braulio, Gabi Martínez y Santiago Álvarez hablar de corrupción en una mesa con un título impactante: “Miedo y asco en Marina D’Or”. De nuevo, un tema que es reflejado en la literatura, pero no un tema propiamente literario. Quizá lo más interesante de la charla fue la gran diferencia de puntos de vista entre Juanjo Braulio y Gabi Martínez, ambos periodistas pero ambos con posiciones contrapuestas. Mientras Juanjo afirmaba que poco puede hacer el periodismo por plasmar la realidad, debido a que las presiones desde arriba son tan fuertes que los titulares y los contenidos vienen influidos por las ideologías del periódico en el que escribes, Gabi Martínez defendía el trabajo del periodista como el único ente que actualmente puede tener el poder de contar las cosas como son, de informar al público y de destapar los entresijos del sistema. El punto neutro lo puso Santiago Álvarez: no nos queda otra que hacer trabajo de investigación y leer diferentes periódicos para acercarnos un poco a la verdad.

 

Elpidio José Silva, Teresa Viejo y Carlos Santos.

Elpidio José Silva, Teresa Viejo y Carlos Santos.

Tras esto pasamos a hablar de transición y del llamado Régimen del 78 en “La caída del Régimen… del 78”. Es decir, esta democracia impostada que nos vino encima y que tiene tantas similitudes con el Régimen Franquista anterior. Sobre ello hablaron Elpidio José Silva y Carlos Santos, moderados de manera magnífica por Teresa Viejo. Su maestría como periodista trató de dirigir la charla hacia ese supuesto Régimen del 78, pero constantemente ambos ponentes, especialmente Elpidio José, trataban de llevarlo al momento actual. Ambos expusieron sus posturas, no demasiado en la misma línea, acerca de cuánto cambio hubo con la llegada de la democracia. Mientras de Carlos Santos afirmaba que todas esas pequeñas libertades que se fueron ganando marcaron una diferencia muy importante (desde el poder vestir como te apeteciese a poder darle un beso en la calle a tu señora), Elpidio José insistía en que el problema seguía en la raíz, que las estructuras de poder seguían en la línea del período franquista y que por ello en 30 años apenas habíamos avanzado nada.

 

José María Blanco, Petra Reski, Javier Valenzuela y Cruz Morcillo.

José María Blanco, Petra Reski, Javier Valenzuela y Cruz Morcillo.

Por la tarde llegó el turno de la mafia: “Europa frente a sus amenazas”, una charla interesante en gran parte debido al conocimiento que del tema demostraron los ponentes. Tuvimos a Petra Reski, Cruz Morcillo y José María Blanco dirigidos por Javier Valenzuela. No fueron pocos los ejemplos empleados para que entendiésemos un poco el estado de la cuestión, y aunque es un problema grave parece que sigue habiendo una importante falta de legislación comunitaria que ayude a abordar el problema y poder atacarlo desde diferentes frentes y países. Parece ser que tiene más influencia y peso el hecho de que los participantes en operaciones contra la mafia tengan buenas relaciones (como sucede cuando se realiza alguna colaboración entre España e Italia) que el hecho de que exista una concienciación de que es necesario cooperar. Desde el punto de vista literario la conclusión que podemos extraer es que es preferible abordar estos temas siempre desde el punto de vista de la ficción, ya que los escritores que han tratado de relatarlo desde la no ficción han terminado teniendo graves problemas con la mafia. Y es que no es solo que la mafia tenga un extraordinario poder, es que además toca las más altas esferas del poder y de ahí lo intocable de su posición.

 

Como colofón de mi paso por el festival, otra charla de nuevo demasiado parecida a la que escuchamos por la mañana respecto al llamado régimen del 78, “Memoria de la Transición: Los rastros de la dictadura en la sociedad democrática”. En esta ocasión, Almudena Grandes y Ernesto Ekaizer moderados por Lorenzo Silva. La afluencia de público en la sala fue brutal, rebasando con creces la presencia de oyentes en ponencias de días anteriores. Pero era comprensible debido a los invitados y también al hecho de ser ya viernes a las 20:00 de la tarde con la semana laboral tocando a su fin. En esta ocasión no permanecí toda la charla por haber escuchado muchas de las afirmaciones que se aportaban pocas horas antes, pero por lo que se comentó en redes sociales la participación del público fue notable.

 

Sobre este último punto, he de destacar que aunque en algunas mesas el público era más bien escaso, cuando llegaba el turno de preguntas ha sido bastante participativo. El hecho de disponer de dos horas entre charla y charla ha favorecido este aspecto.

 

 

El planteamiento de las mesas no sé si ha sido o no acertado. Nunca he organizado un festival y no sé si estoy capacitada para juzgarlo. Lo que sí he percibido más que en años anteriores es convocatorias de mesas en las que se trataban temas abordados en la literatura pero no desde un punto de vista literario, y teniendo en cuenta que es un festival supuestamente sobre literatura no sé si ha sido una intención premeditada. Quizá buscando estos otros temas se busca atraer a un público al que la literatura no le interesa tanto, y de ese modo tratar de captar lectores. El punto a favor es que en este tipo de mesas se ha escogido en su mayoría a ponentes bastante profesionalizados que sabían del tema que estaban hablando, y de un modo u otro esto siempre resulta enriquecedor. Sin embargo me han faltado escritores que diesen su punto de vista más relacionado con la profesión, la perspectiva del creador. Incluso en mesas donde todos los participantes eran escritores, como sucedió en “¿Y tú qué clase de madre eres?” los temas se desviaban fuera de los parámetros de la cultura para abordar temas sociales.

 

Son muchos los que insisten en que la novela negra debe ser una novela de denuncia social, pero todos conocemos ejemplos de que no tiene por qué ser siempre así. Quizá como muchos predicen estamos cerca del fin del boom de la novela negra. O al menos de eso que las editoriales tratan de vendernos como género negro pero que en realidad no lo es. Hacen falta más que un par de cadáveres para catalogar una novela como negra. No es necesario que sea canónica, no hace falta que exista un investigador o un policía al frente de un caso. Pero sí hace falta que, como la buena literatura, te haga reflexionar. Sobre el alma humana, sobre la maldad, sobre los propios demonios, sobre el funcionamiento de la sociedad y de cómo el individuo se comporta en sociedad. En más de una charla se ha destacado este punto: la importancia que tiene sobre el comportamiento humano el hecho de ser observados para que nos comportemos de una manera más cívica y más correcta. Porque cuando nadie mira es cuando de verdad mostramos nuestra verdadera naturaleza. Y casi siempre difiere mucho de como nos comportamos en comunidad.

 

*Todas y cada una de las fotografías son de la organización del festival Getafe Negro.