Nueva Orleans. 1987. Roy sale de la consulta del médico. Acaban de diagnosticarle cáncer de pulmón. Las radiografías están repletas de copos de nieve. Roy es un recaudador que trabaja a las órdenes de Stan. Y esa misma noche recibe un encargo. Debe hacer una visita, a Frank Sienkiewicz. Y tiene que llevarse a Angelo, uno de sus compañeros y no precisamente el más espabilado. Debido a un incidente anterior, Stan no quiere nada de pistolas, no quiere que el asunto se les vaya de las manos, solamente deben hacer una visita, nada más.

 

Falta la chica. Carmen. La antigua chica de Roy, que ahora está con Stan y alardea de ello ante todos. No es al primero que abandona, pero Roy está dolido. Estaba acostumbrado a la soledad, y por culpa de Carmen se había adaptado a según qué placeres.

 

Roy es precavido, no se fía del encargo, y a pesar de que le han insistido en que nada de pipas, no puede evitar camuflar un Colt Mustang del 38 en una bota, coger un puño de hierro y la porra extensible. Y como remate, un estilete con resorte. Se colocan sus pasamontañas, y como Roy presentía, el plan sale mal. Sienkiewicz yace muerto en el suelo, hay una mujer desnuda y muerta sobre una cama, y tres hombres les apuntan con sus pistolas.

 

Tras esta escena, viene la huida, la huida de Roy con Rocky, una muchacha muy joven que estaba en la casa del terror. Toda la novela rezuma ese ambiente de road-movie, con esa camioneta vieja y unas pocas pertenencias a cuestas. El tercer peón de la partida será Tiff, una niña de cuatro años que se suma a la aventura.

 

Galveston es una novela de personajes. De personajes y de paisajes. La trama es solo una excusa para perfilarnos a unos seres desarraigados, con una visión de la vida y de su futuro muy concreta, con una serie de cargas y con un pasado que es más un lastre que un bagaje. Ese tipo de pasado del que no puedes desprenderte, que no puedes abandonar en el cajón de un motel de carretera junto a una Biblia vieja. Ese tipo de pasado que es tu presente, que es tu modo de ser, tu modo de respirar y de caminar. Ese tipo de historias que no deseas tener que contar nunca a nadie, porque el hecho de hacerlas palabras hacen que vuelvan a revivir en tu mente.

 

No se sobrevive a ciertas cosas, aunque no te maten.

 

Por otro lado, los paisajes que recorren los protagonistas, esas carreteras desoladas, esas noches que viran del negro azabache al rojo y morado, o a un amarillo apagado que se extendía como una gasa frente a la oscuridad, ese olor del aire que pasaba del salitre marino a la madera de pino, a amoniaco y a gasolina quemada, esos moteles para gente que no tenía adónde ir, un motel en el que algún cliente ocasional pagaba una habitación para suicidarse, con huéspedes demasiado ensimismados en su propios fracasos.

 

La ambientación es asombrosa, cargada de olores, colores y sonidos: la luz del sol filtrándose por las ventanas, la música que escuchan en la camioneta, la risa de Tiff cuando van a la playa, el olor a sal y la brisa metálica del ambiente, el sonido de las botas de Roy por el suelo de madera crujiente del motel, el sabor del alcohol y de la sangre de las heridas.

 

Pizzolatto consigue diálogos magistrales, personajes perfectamente perfilados, ambientaciones sugerentes, y una historia que hace que te deleites durante el viaje. Conoce los lugares que describe, porque él es de Luisiana, ha pisado sus calles y conocido a sus gentes. Y la técnica con la que construye ese universo es brillante. Todo encaja, nada sobra, nada falta. Es una historia redonda, de las que disfrutas y sufres a la vez, de esas que crean un poso de melancolía en tu ánimo al leerlas, de esas que lamentas terminar.

 

 

Queda inaugurada la colección de Salamandra Black, y no podían haber escogido una novela mejor. La traducción es exquisita, hace unos meses leí uno de los relatos de Pizzolatto gracias a un enlace que desde la propia editorial pusieron en Twitter (Ghosth-Birds) y en su momento pensé que lo veía un tanto complicado de traducir. No tanto por el vocabulario en sí, como por la ambientación que logra crear con sus palabras, y Mauricio Bach ha hecho un trabajo excelente. Esperemos que mantengan la calidad de la colección y que la selección siga siendo así de buena. Apuesto a que así será.

 

 

Título: Galveston (Galveston)
Autor: Nic Pizzolatto.
Traductor: Mauricio Bach Juncadella.
Editorial: Salamandra Black (2014)
Año de publicación: 2010.
ISBN: 9788416237005
Páginas: 288
Precio: 18€
Ficha del libro en Salamandra: http://salamandra.info/libro/galveston