No importa cuántas veces aparezca en la novela el nombre del protagonista con tilde: en mi mente al leer Gotán resonaban los ecos de la ciudad de Nueva York. Y con ella ese sentido del justiciero, del defensor de la ley, que al fin y al cabo es en lo que representa Gotán. O Pablo Martinelli, que viene a ser lo mismo.

 

Martinelli es un policía retirado que se dedica a la venta de inodoros: cambió la evacuación de una mierda por la de otra muy similar. Sin embargo recibe un encargo, la investigación de la muerte de una mujer. Esa muerte ha sido grabada por las cámaras de seguridad de la vivienda de un ricachón en un barrio exclusivo. Como no hay Sherlock sin Watson, estará acompañado de Solanas, la joven hija de un antiguo compañero de Martinelli que fue asesinado.

 

Como bien nos indican en la contraportada, la novela huele a Cosecha Roja a leguas, en el mejor de los sentidos: corrupción política, podredumbre de la Iglesia, machismo retrógrado. Todos estos elementos son abordados sin un solo pelo en la pluma de Orsi. Tanta es su osadía a la hora de plasmar lo que le interesa que llega a sorprender las libertades que se toma, sintiendo sobre tu hombro la mirada reprobatoria de un inquisidor mientras lees la novela.

 

“La jerarquía católica sigue instrucciones del Vaticano […] Y el Vaticano ejecuta las directivas del poder absoluto. De día – algún día habrá que decirlo públicamente – el Papa da audiencias públicas a los peregrinos, recibe en privado a los jefes de estado y sus secuaces, imparte bendiciones urbi et orbi.
Me interpuse en su relato:
– Y de noche atiende a grupos de adolescentes en su cámara orgiástica. “

 

Desde el comisario Arriaga, que ha cambiado la ubicación de su despacho al Congreso Nacional, a la extraña existencia de un obispo de día y otro de noche, pasando por el surgimiento de una cárcel al estilo de Guantánamo pero bajo tierra, Orsi asesta golpes certeros: la denuncia del empleo de la policía como títeres para el uso y disfrute de las clases más adineradas; de la puesta en práctica de pederastia por parte de los dirigentes de la Iglesia; el encubrimiento de la construcción de una prisión para terroristas internacionales. No queda un solo estamento impune.

 

Para remarcar la inmediatez de la narración, Gotán nos habla en primera persona y en presente en aquellos fragmentos narrados por él. Y se dirige a nosotros como Mireya, como si escribiese una carta de amor, con un pasado que le pesa y que le duele, una presencia fantasmal que sobrevuela en toda la narración, que acompaña a nuestro protagonista al ritmo de los latidos de su corazón.

Fantasmas del desierto es una novela exquisita, que recuerda al estilo seco de Hammett, a la denuncia de Alexis Ravelo, pero plasmado de un modo mucho más complejo. No es una novela fácil, no utiliza una prosa sencilla de interpretar. Al lector le supone un esfuerzo, pero un esfuerzo que resulta gratamente recompensado si se molesta en hacerlo.

 

Una de las grandes pegas que le encuentro al libro es el tema del tamaño de la letra. Para una lectura que de por sí resulta intensa, que requiere de tiempo y de concentración, la elección de esa tipografía algo más pequeña de lo normal no resulta precisamente alentador, ya que te hace sentir que la lectura avanza más lenta todavía. Un pequeño detalle que deja un sabor agridulce a la lectura de una gran obra.*Con esta novela termino las reseñas de los nominados al Premio Hammett 2015. Podéis encontrar las otras tres en los siguientes enlaces:

Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón.  
Todos los buenos soldados, de David Torres.
Un millón de gotas, de Víctor del Árbol.

 

 

Título: Fantasmas del desierto.
Autor: Guillermo Orsi.
Editorial: Almuzara (2014)
ISBN: 9788415828853.
Páginas: 310.
Precio: 21,95€
Ficha del libro en Almuzara: http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=1376&edi=1