Si al comienzo de la saga de los Coughlin eran numerosos los miembros de la familia que encontrábamos en las páginas de Cualquier otro día o de Vivir de noche, en Ese mundo desaparecido tan solo tenemos ya a Joe y a su hijo de diez años Tomas. Por diversos motivos, la acción se ha ido centrando cada vez más en Joe convirtiéndose en esta entrega en el protagonista absoluto. Estamos ya en los años 40. El planeta se encuentra en plena Segunda Guerra Mundial, y hasta resuenan rumores acerca de que Hitler será capaz de cruzar el océano si nadie le para los pies. Joe lleva una vida más o menos tranquila. Sus días de gángster no han pasado a mejor vida, pero su nivel de actividad delictiva se ha reducido. Todos le respetan y tienen en cuenta su opinión. Pero su vida se verá alterada por un aviso.

 

Theresa Del Fresco se encuentra entre rejas por haber destrozado contra el suelo de la cocina la cabeza de su marido con un mazo de cróquet. A los pocos días de ingresar en prisión, Theresa se dará cuenta de que su vida corre serio peligro. A pesar de que consigue ganarse la confianza y los favores sexuales de uno de los más jóvenes carceleros que la custodian, los intentos de acabar con ella son más y más frecuentes. Por ello, le pide a su joven amante que vaya en busca de Joe Coughlin. Necesita protección y de paso quiere notificarle un aviso que ha llegado a sus oídos: será liquidado el Miércoles de Ceniza.

 

Con esta amenaza como arranque, nos acercaremos al primer día de Cuaresma. Joe no acaba de creerse del todo el asunto, pero comienza a entrarle miedo cuando sumada a esta circunstancia empieza a toparse a todas horas con un niño pequeño que tan solo él parece ver. ¿Se trata de un fantasma? ¿Un aviso de que le queda poco tiempo? ¿Se trata del propio Joe de niño? ¿O es alguno de sus familiares? En cualquier caso, Joe inicia los trámites que deben dar protección a Theresa mientras trata de averiguar qué está pasando.

 

Las herramientas que ha utilizado Lehane en esta entrega son muy diferentes a las de la anterior. Si en Vivir de noche pasaban tantas cosas que no sabía bien cómo resumiros la trama de la novela, en Ese mundo desaparecido la línea argumental es clara. El autor ha decidido centrarse más en una historia y desarrollarla a partir de todos aquellos que rodean a nuestro protagonista. Una de las fórmulas qué más me han gustado en este libro es la de la narración de pequeños relatos, pequeños fragmentos de vidas de las personas Joe va encontrando a su paso. Con estas pequeñas pinceladas consigue crear una visión de conjunto acerca de la forma de pensar y de actuar de la época. Entre todas ellas me quedo con la de la propia Theresa que abre la novela y con la de Ned Lenox que ha sido una de las que más me han impactado.

Ataque de Pearl Harbour.

 

Hay un aspecto que me intriga si ha sido premeditado (imagino que sí que lo haya sido) o si habrá sido tan solo algo de mi percepción como lectora. En Cualquier otro día nos encontrábamos en un momento duro para el país: la Primera Guerra Mundial, la gripe española que dejó tantos muertos detrás, las duras condiciones laborales. Era un momento de lucha constante, de supervivencia, una época para los valientes. En Vivir de noche el momento histórico es de bonanza: aún no había hecho acto de presencia el crack del 29, la Ley Seca estaba haciendo enriquecerse a algunos, y el crecimiento económico era destacable. En Ese mundo desaparecido estamos en los años 40: la Segunda Guerra Mundial ha dejado a muchas familias desestructuradas, todo parece estar cambiando, nadie se siente seguro, y el poder que unos pocos están alcanzando a nivel mundial hace presagiar que nada volverá a ser como antes. Todos estos elementos, esa sensación de lucha, de prosperidad, o de transformación, se respiran en cada una de las páginas de la novela. Ya no son tan solo los acontecimientos narrados, ni siquiera la forma de expresarse de los personajes, sino incluso la del propio narrador la que nos hace partícipes de la atmósfera del momento escogido para ambientar la historia.

 

Si tuviese que escoger una de las tres entregas de la trilogía, sería sin duda esta. En primer lugar, porque centra la trama en un solo camino (lo que reduce el número de páginas, un plus para mí). En segundo lugar, por la madurez que ha alcanzado el personaje, mostrándonos a un Joe maduro y cabal. En tercer lugar, por los pequeños relatos que os comento que construye con todos esos secundarios que ayudan a conformar el escenario por donde se mueve Joe. Y por último, por ese final. Es la novela que menos predecible me ha parecido de todas, aunque hay algunos acontecimientos que ves venir claramente. Y la última página posee un tono y un cariz tan poéticos y tristes que hacen que al cerrar las páginas del libro sientas una cierta sensación de vacío.

 

Como os comentaba en la reseña de Cualquier otro día, las tres novelas pueden ser leídas de forma independiente a pesar de tener personajes y escenarios comunes. Son autoconclusivas y comprensibles de forma autónoma. Aunque si tenéis intención de lanzaros a por las tres, mejor hacerlo por orden. Os aseguro que viviréis un viaje alucinante.

 

 

Título: Ese mundo desaparecido (World Gone By)
Autor: Dennis Lehane.
Traductor: Enrique de Hériz.
Editorial: Salamandra (2017).
Año de publicación: 2015.
ISBN: 9788498387773.
Páginas: 352.
Precio: 19€.
Ficha del libro en Salamandra:
http://salamandra.info/libro/ese-mundo-desaparecido