En la niebla de Richard Harding Davis va de frente.  Creo que no hay fenómeno atmosférico más evocador de Londres que la niebla. Y la ilustración de la portada de mano de Natalia Zaratiegui en la magnífica edición de Ardicia, con ese coche de caballos, esa dama vestida al estilo victoriano y el tipo de edificios londinenses, nos dan todas las pistas que necesitamos. Estamos ante una novela escrita a principios del siglo XX, concretamente de 1901.  Una novela plagada de tópicos: un Londres inundado por una espesa niebla que no nos permite ver ni nuestras propias manos, un club de caballeros con una reunión de hombres distinguidos y un misterio.

Cinco socios del club de caballeros más exquisito del mundo se reúnen la noche posterior a la gran niebla de 1897 en el club The Grill. En realidad, tan solo cuatro de ellos están reunidos y cenando, mientras el quinto lee absorto junto a la chimenea. Todo parece indicar que un hombre tan respetable como él está tan imbuido en la lectura porque lo que está leyendo es una docta obra. Nada más lejos de la realidad: está leyendo El gran robo de Rand, una novela de detectives que se puede encontrar en cualquier puesto de libros. El hombre, sir Andrew, confiesa ante ellos que más que una afición lo que siente por este tipo de novelas es un auténtico vicio.

“— Daría quinientas libras en este momento por poder poner en sus manos una nueva historia de Conan Doyle. ¡Mil libras! — dijo, bajando la voz.”

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