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Llevo alargando la terminación de este libro para no tener que enfrentarme a la reseña. La lectura ha sido ardua, pero la reseña lo va a ser aún más.

 

Embassytown es un enclave diplomático asentado por colonos humanos. Se halla en un planeta muy remoto donde el aire no es respirable para los humanos y pueden vivir allí gracias a unos generadores de aire respirable. Esto hace que la zona delimitada para vivir por estos humanos sea escasa y tenga barreras muy delimitadas. Pero no es la única barrera que les separa de los Anfitriones, habitantes originarios de este planeta. La principal barrera, y argumento en torno a lo que gira todo, es el Idioma.

 

Y es que cuando defines un modo de comunicarse así con mayúsculas, es una declaración de intenciones. El Idioma es una barrera, y qué mejor manera de expresarlo que poniéndonos barreras a nosotros. La novela es ardua, difícil, cuesta entrar en ella, pero leyendo una novela de China Miéville sabes que la recompensa está asegurada (y eso que esta es aún mi segunda novela de Miéville). He llenado mi libro de marcadores, subrayado, he tenido que volver atrás, releer algunas partes. Creí que me estaba volviendo loca. Pero la culpa fue toda mía, porque no quise sumergirme entre sus palabras, buscaba una novela clara y fácil de comprender como La ciudad y la ciudad. Y es que Embassytown no tiene nada que ver.

 

Se alternarán los capítulos entre el pasado y el presente, no te define los términos usados, va soltando lastre muy poco a poco. Quiere que conozcas Ciudad Embajada, pero sólo hasta donde él quiere. Es como asomarse de puntillas sobre un muro de piedra: puedes ver un poquito, hasta donde tu vista alcanza, hasta percibir un poco los olores, pero no puedes interactuar ni relacionarte con quien está detrás de ese muro. ¿Y por qué? Porque ese es el muro que tienen los protagonistas de la historia, y te lo quiere poner al menos tan difícil como a ellos.

 

Ellos tiene ayuda, los Embajadores. Y es que los Anfitriones para pronunciar su idioma necesitan dos bocas, una que pronuncie el Corte y otra el Giro, por lo que las palabras aparecen para nosotros como fracciones matemáticas, una palabra en la parte superior y otra en la inferior, por lo que nuestra única boca es incapaz de pronunciar el Idioma. Para ello, se crean a los Embajadores, unos seres fascinantes, clones o doppels que actúen y piensen del mismo modo para poder pronunciar con sus dos bocas el Idioma. La revolución llegará a Ciudad Embajada cuando llega un nuevo Embajador: EzRa, compuesto por dos seres completamente diferentes que en principio están tan compenetrados que podrán pronunciar el Idioma como si se tratase de una sola mente.

 

Que Ezra sea considerado el fundador del Judaísmo moderno, el que asentó las bases de una creencia religiosa que perdura hasta hoy día, no creo que sea una casualidad. Y que Ezra en hebreo signifique “ayuda”, desde luego que no es una casualidad. Ya que EzRa fue concebido precisamente para eso, sólo que su cometido no será precisamente el mismo para el que fue formado… Curiosidades como ésta sobre lenguajes y significados hay y habrá mil que ni conozco ni he captado.

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Me quedo con tres factores culturales de los Anfitriones que son una lección para los humanos: no conciben el suicidio, no conocen ni comprenden la mentira, y prefieren mutilarse antes que corromperse. Y todas esas características que denotan pureza, las corromperán los humanos, como siempre hacemos, estropeando todo lo que tocamos.

 

 

En definitiva, un libro que no es fácil, pero que merece la pena el esfuerzo. Un libro sobrecogedor, durante la lectura del cual no podía dejar de pensar en la cabeza de Miéville y cómo es capaz de crear todo este mundo con su imaginación. Señor Miéville, mi enhorabuena, me quito el sombrero.

 

 

** Si queréis echar un ojo a lo que hemos comentado por Twitter, os dejo un pequeño resumen aquí:
Storify Embassytown

 

 

Título: Embassytown
Autor: China Miéville
Editorial: Fantascy
ISBN: 9788415831006
Precio: 18,90 €