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Si durante meses, incluso años, alguien te recomienda que leas una novela, deberías hacerle caso. A veces te hace falta un empujón de alguien más. Y finalmente, una noche devastadora, se alinean las estrellas de tu vida, llegas a casa, coges El tejedor, un paquete de tabaco, una botella de vermut, y te sientas en el sofá a dejarte llevar.

 

En la oscuridad las cosas siempre se alejan de ti. La memoria te sujeta mientras el arrepentimiento y la congoja te sacan de dentro todos los demonios.
La única ayuda, el alcohol y la mañana.

 

El tejedor es el primer caso del detective Lew Griffin. Porque las cosas hay que hacerlas bien y empezarlas por el principio. En esta novela de apenas 190 páginas (que he devorado literalmente en apenas 3 horas), nos narra la vida y vivencias del Griffin desde 1964 a 1990. Como no podía ser de otra forma, no nos cuenta lo que pasa en cada uno de los años de este período, el libro se divide en 4 bloques que se marcan por cuatro años, por cuatro momentos de la vida de nuestro detective. Negro y de Nueva Orleans (en mi mente aún resuenan los ecos de Lousiana de True Detective, hasta la forma de pronunciar Lousiana de Mathew McConaughey).

 

Era como si la imagen que la ciudad tenía de sí misma y las formas para tratar de vivir de acuerdo con esta imagen no pararan de cambiar. Era española, francesa, italiana, antillana, africana, americana colonial; era ante todo la ciudad de la fiesta y la ilusión, o ante todo el bastión de la cultura en una nueva tierra; era una ciudad construida sobre la espalda de los esclavos y simultáneamente una ciudad cuyos ciudadanos importantes era, muchos, ‘gens de couleur’ libres; se adaptaba sin cesar.

 

Griffin es toda una autoridad en Nueva Orleans. No hace falta que nos diga por qué, no hace falta que nos explique cómo. Él lo sabe, y lo utiliza, la gente oye su nombre y sabe quién es. Investiga principalmente casos de desapariciones, porque se le dan bien, y porque suele encontrar la pieza del puzzle que le hace encajar todas las piezas y dar con la chica desaparecida. Porque casi siempre son chicas.

 

Pero todo esto es lo de menos. Estamos ante una novela negra en que la trama de investigación, no importa. Y lo digo así de rotunda. Es una excusa. El tejedor es una novela de personajes, de personalidades, de almas, de corazones. Una novela que ahonda en los porqués del ser humano, y encima con una narrativa tan poética que es imposible no subrayar o anotar las decenas de frases que utiliza para ello. Es terriblemente evocadora.

 

Me pregunté en aquel momento: ¿Por qué una persona emprende la cuesta abajo? Esa larga caída, ¿la llevamos todos nosotros dentro? ¿O es algo que incorporamos a la existencia, creándolo a lo largo del tiempo y sin darnos cuenta de la misma manera que se crea un gesto, la vida, las historias que se mantienen en pie, las que le dan sentido a tu existencia?

 

Sallis consigue transmitirte una melancolía, un dolor, una rabia, que hacen que el alma te vaya pesando y se aplaste contra el sofá. Te deja sin aliento, no te suelta una sola página, te obliga seguir leyendo, y cada página que pasas tienes más claro que no te lleva a ningún sitio, que probablemente lo menos importante es si se resuelve este caso o el otro, si localiza al desaparecido, y da con los motivos de todo.

 

Pero el mundo no cambia y, en general, tampoco nosotros; nos limitamos a seguir adelante mirando en el mismo espejo, probándonos distintos sombreros y expresiones y nuevos surtidos de vicios, opiniones y prejuicios; fingiendo, como los niños, hacer, ver y sentir cosas que no están.

 

Pero además de todo esto, es una novela negra soberbia. Ahonda en la oscuridad del alma humana, y no hay novela más negra que esa. Toma muchos recursos de los clásicos, incluso les cita, utiliza fórmulas que sabe que funcionan: el detective solitario, saltando de una a otra mujer, alcohólico, que cada cierto tiempo debe bajar a los infiernos para redimirse y poder soltar todo lo que lleva dentro. E investiga desapariciones, con saltos en el tiempo muy marcados, que nos muestran la evolución de Nueva Orleans, de la forma de ser de la gente, la evolución de una violencia cada vez más cruel, un racismo cada vez más marcado, una vida cada vez más difícil. Y lo logra con simples pinceladas aquí y allá, sin grandes disertaciones ni reflexiones sobre este particular.

 

Esta novela se publicó originalmente en 2001, y se tradujo por primera vez en 2003 por Poliedro. Yo he leído la edición de Serie Negra de RBA de 2010. Y no dejaba de preguntarme hacia dónde he mirado todo este tiempo para no haber visto más nítidamente esta novela. Para saber que existía, pero aún así no leerla. Para que me la recomendasen, y aún así no hacer caso. Y es porque no había llegado el día. Esta novela ha llegado a mí justo el día que debía ser leída. Y eso hace que haya sido aún más mágica.

 

Quizá lo mejor de nuestra vida siempre se ha acabado. Quizá la felicidad y la satisfacción son cosas que sólo rememoramos a través de los filtros del tiempo, fantasmas eternos y escurridizos detrás de nosotros.

 

 

Título: El tejedor.
Autor: James Sallis.
Editorial: RBA (Colección Serie Negra)
ISBN: 9788498678055
Páginas: 192
Precio: 16€