Donald-Westlake

Cada vez creo menos en las coincidencias. En ocasiones pasan cosas sorprendentes que te hacen pensar que suceden por algún motivo. Ya sabéis este año estoy obcecada con Jim Thompson: estoy leyendo su biografía, me he leído su primera novela, y pienso seguir una por una, al menos todas las que encuentre traducidas (lo reconozco, no me atrevo a leer a Thompson en inglés). El caso es que en toda esa búsqueda documental de Thompson, en algún sitio leí que el guionista de Los timadores, Donald E. Westlake, estuvo nominado al Oscar por ese guión. Y ese nombre se quedó grabado en mi cerebro sin remedio. Hace unos días, rebuscando en libros viejos en un trastero, me topé con una de esas famosas recopilaciones de relatos de Alfred Hitchcock y ahí estaba esperándome el amigo Westlake. Y con un relato con un título más que sugerente.

 

El tacto del gatillo se publicó en 1961 en una de estas recopilaciones que os comento de Hitchcock, y yo la tengo traducida en una edición de 1997 de la Editorial Ágata, con el título de Horas tomadas a la noche. La verdad es que la selección no está nada mal por lo que he ojeado, así que seguro que os traigo algún relato más de este volumen.

 

Abraham Levine es un detective de policía tremendamente obsesionado con la muerte. Se pasa la vida contando los latidos de su corazón, porque tiene una anomalía por la cual cada ocho-doce latidos, su corazón falla. Tiene 53 años, y está cada vez más convencido de que su vida se está terminando. Y como comenta, es difícil no pensar en la muerte cuando te pasas el día rodeado de cadáveres.

 

La historia transcurre un sábado por la noche. El turno de noche del sábado, del domingo por la mañana para ser más exactos, desde medianoche hasta las ocho, solía ser el más ajetreado de la semana. Era el período semanal en que las personas normales se volvían violentas, y las personas violentas se convertían en asesinas. 

 

Y evidentemente, la cosa se complica: reciben un aviso de tiroteo de una tienda. Parece ser que han herido al hombre, y la mujer está en shock. De entrada, ella dijo que había reconocido al asaltante, pero luego no hace más que negar la información que supuestamente tiene. El hecho de que finalmente su marido fallezca en la ambulancia del camino al hospital, desencadena la trama.

 

Westlake fue un autor tremendamente prolífico, tanto que publicó bajo varios pseudónimos porque el hecho de escribir tanto solía ser sospechoso y traía problemas a la hora de ser publicado. No siempre escribir mucho es sinónimo de escribir bien, pero en este caso se ve claramente que Westlake sabía lo que hacía. El relato es una maravilla. En poco más de 25 páginas, consigue montarte una historia, describirte a los personajes y crear una tensión constante acerca del desenlace. Evidentemente, veintipocas páginas las lees en un suspiro, pero es cierto que te queda un regustillo bueno, de esos que te hacen sentir que recordarás la historia durante algún tiempo. No quizá por ser brillante, sino por cumplir su objetivo: entretener, disfrutar y tenerte en vilo durante ese ratito.

 

Por si no me creéis cuando os digo que su carrera fue muy prolífica, o por si sois tan curiosos como yo, este es el enlace a la sección dedicada a su bibliografía en su web. Es cierto que hay novelas y también relatos, pero la lista es asombrosa:

http://www.donaldwestlake.com/bibliography/

SPOILER Un dato curioso: Cuando comencé la lectura de El tacto del gatillo desconocía que Westlake murió de un ataque al corazón. Curiosamente, justo como muere el protagonista de nuestro relato…

 

Título: El tacto del gatillo (The feel of the Trigger)
Autor: Donald E. Westlake.
Publicado en: Horas tomadas a la noche (1999) (páginas 245-272)