Para aquellos que no conozcan aún a Eladio Monroy en la Península (y puntualizo la localización porque sé de buena tinta que en Las Palmas es ampliamente conocido) se trata de un buen tipo con el que gustosamente muchos de nosotros nos tomaríamos un café. No estamos ante un detective, ni ante un policía, sino ante un amigo de sus amigos que en ocasiones realiza algunas indagaciones. Y precisamente como Eladio es una buena persona, rara vez rechaza una llamada de auxilio.

 

En esta ocasión quien le pide ayuda es un viejo amigo, alguien que fue casi como un hermano para él en el pasado, Pepiño Frades. Se encuentra muy enfermo, tanto que es consciente de que le queda poco tiempo. Y le gustaría mucho poder despedirse de su hija Elvira antes de morir, una muchacha que tomó muy malas decisiones en el pasado y de la que hace años que no sabe nada. Eladio está mayor y su primer impulso es decir que no a la petición, pero es consciente de que Pepiño no tiene a nadie más a quien recurrir, ya que Elvira y él no se despidieron de muy buenas maneras la última vez y necesita un mediador que se acerque a ella y le hable con confianza. Por eso precisamente no funcionaría recurrir a la policía ni a un investigador privado. Lo que Pepiño necesita es un amigo.

 

Eladio no promete nada. Hará unas cuantas llamadas, hablará con algunas personas, y a ver qué consigue. Sin embargo, cada paso que da en sus indagaciones le lleva irremediablemente hacia la empresa Fedorsán. Que si un guardia de seguridad de dicha empresa, que si una academia de azafatas dirigida por uno de los miembros de la familia Dorta (dueños de dicha empresa). Y la experiencia le dice a Monroy que cuando las redes de una empresa de estas características se extiende en torno a algún asunto, nada bueno viene detrás. Hablará con una prima con la que vivió Elvira y terminó mal, con un ex-novio con el que tampoco acabó muy bien, y descubrirá poco a poco que la agencia escondía una red de prostitución y muchos secretos que nadie quiere que salgan a la luz. Algo sucedió en el verano de 2015 y nadie parece dispuesto a querer contarle qué fue lo que ocurrió.

 

Como es habitual en las novelas de la serie de Eladio Monroy, nuestro protagonista se adentrará en los aspectos más despreciables de nuestra sociedad. Aquellos con los que todos tratamos de mirar a otro lado, aquellos que asumimos que tan solo ocurren en la ficción, pero que en el fondo de nuestro ser sabemos que suceden en la realidad. Como siempre, Eladio nos obliga a mirar, a ver, a aceptar que todo eso forma parte de nuestro entorno, y que sucede más cerca de lo que nos gusta aceptar.

 

Casco histórico de Vegueta.

 

El peor de los tiempos es quizá la entrega más oscura hasta hoy de la serie de Eladio Monroy. A lo largo de todo el libro sobrevuela un halo de desesperanza, de pesimismo acerca de esta sociedad en la que vivimos. Es cierto que Monroy lleva una vida más acomodada y estándar, con pareja, con una hija con la que ha retomado el contacto tras varios años, con menos violencia y más tranquilidad. Pero las situaciones en las que se encontrará en esta ocasión serán tan desagradables que harán sacar el lado más violento de nuestro protagonista.

 

Como viene siendo habitual en Alexis Ravelo, estamos ante una novela profundamente política. Siempre ha afirmado que no puede dejar de aprovechar el altavoz que proporciona la literatura para tratar de hablar de situaciones que considera denunciables. El peor de los tiempos es una de esas historias que por la fluidez de su prosa son sencillas de leer, pero no lo son tanto por el contenido que transmiten. Estamos ante una historia dura, y algunas de sus páginas son desoladoras. Sabemos que como buena ficción casi con seguridad obtendremos un final satisfactorio y cerrado, pero la vida real no suele ser así, y ahí fuera puede que no haya un Monroy que se tome la molestia de tratar de dar con una pobre muchacha que parece haber dejado de importarle a nadie. Ravelo es de esos autores que no solo te atrapan en sus páginas durante la lectura de las mismas, sino que consigue que durante días no consigas sacar de tu cabeza lo que te ha contado, y que asocies gran parte de tus realidades a lo narrado en sus ficciones.

 

El peor de los tiempos es un homenaje a las mujeres que no han tenido una sola oportunidad en la vida. Es una bofetada a todos aquellos que afirman que la igualdad ya está conseguida, que esa batalla ya ha sido ganada. El hecho de que algunas mujeres hayamos conseguido acceder a estudios superiores, sacar un título, conseguir un trabajo cualificado, mantenerlo, llevar una casa, una familia, lograr que nuestros compañeros compartan las tareas con nosotras, no significa que hayamos logrado la igualdad. Sigue existiendo el trafico de mujeres, abusos, prostitución, acoso, violaciones masivas, asesinatos a manos de nuestras parejas. Sigue siendo normal que no se denuncie cuando vivimos una situación de indefensión porque sigue poniéndose en duda nuestra palabra. Seguimos siendo menos (menos válidas, menos cualificadas, menos inteligentes) para gran parte de la población. Seguimos siendo un todo que se asume tan solo por una parte: la de nuestro aparato reproductor. Y mientras eso no cambie, esta obra seguirá siendo, desgraciadamente, necesaria.

 

Título: El peor de los tiempos.
Autor: Alexis Ravelo.
Editorial: Alrevés (2017)
ISBN: 9788417077136
Páginas: 388.
Precio:20€.
Ficha del libro en Alrevés: http://www.alreveseditorial.com/fitxallibre.php?i=201