Las dosis de Harry Hole deberían poder aplicarse con una frecuencia mayor. Sé que la culpa es mía, me leí toda la serie publicada por Serie Negra del tirón y la abstinencia fue aún más dura que si hubiera tomado las dosis poco a poco. Quería leerlas en inglés pero sé que con la primera, con The Bat, me perdí cosas porque mi inglés no es todo lo bueno que a mí me gustaría. Así que decidí esperar. Y ha pasado tanto tiempo que hasta la serie de Hole ha cambiado de editorial, se ha mudado a Roja y Negra.

 

Comenzamos nada menos que en Hong Kong. El final de El muñeco de nieve hundió a Harry en todos los sentidos. Presentó su dimisión y huyó. Pero la sección de Delitos Violentos de la policía de Oslo necesita su ayuda. Están ante un nuevo asesino en serie sin ningún tipo de duda. Y Hole es el experto en asesinos en serie, en su modus operandi, en su forma de pensar… Nadie como él para dar con el culpable.

 

El problema es que no hay un solo motivo de peso para que Hole vuelva a Noruega. No solo no quiere, sino que está atrapado en Hong Kong por culpa de unas elevadas deudas de juego. La policía Kaja Solness será la encargada de ir a buscarle y traerle de vuelta. Y tiene una baza ganadora: el padre de Harry está muy enfermo.

 

Hole es un cabezota, consiguen que regrese a Oslo pero él no quiere participar en el caso, ha vuelto solamente por su padre. Sin embargo el instinto de cazar a los malos por encima de cualquier cosa no deja de susurrarle. No tendrá las cosas fáciles. No solo porque el caso sea difícil de resolver: no hay huellas, no hay nada de conecte a las dos víctimas, no hay pistas, no hay nada por donde empezar. El problema lo tendrá también en casa: la Kripos parece tomar las riendas de los casos de asesinato y la sección de Delitos Violentos no puede ni acercarse a ellos. El Ministerio de Justicia está muy encima del caso, y el entorpecer lo más mínimo la resolución puede tener graves consecuencias.

 

A todo esto hay que sumar un arma asesina que atrapa al lector desde la primera página: la manzana de Leopoldo. Una esfera que el asesino introduce en la boca de sus víctimas y que una vez introducida es imposible de sacar. Al menos sin llevarse por delante la vida de alguien.

 

Pero como digo, el sentido de la justicia de Hole es demasiado grande. Él no busca medallas ni reconocimientos. Sólo quiere que dejen de morir inocentes y dar con el culpable. Y es lo que mejor se le da hacer: ver pistas donde nadie más las ve, atar cabos que nadie más conecta y juntar las piezas de un modo que los demás no hacen.

 

“- Mmm… ¿Tú crees que aquí habrá algo que encontrar? – preguntó Harry, y cogió la taza de café que ella le daba.
– No.
– Entonces, ¿por qué te has traído las fotos a casa?
– Porque el noventa y cinco por ciento de toda la investigación consiste en buscar en el lugar equivocado.
Kaja acababa de citar el tercer mandamiento de Harry.
– Y tienes que aprender a que te guste también ese noventa y cinto por ciento. De lo contrario, terminarás dándote contra la pared.
Cuarto mandamiento.”

 

Imagen de Javier Martín y su blog Desnivel, de las montañas de Oslo

Imagen de Javier Martín y su blog Desnivel,
de las montañas de Oslo

 

La caída de Hole en El muñeco de nieve fue grande: a su alcoholismo se ha unido la dependencia al opio. A su sufrimiento por Rakel y Oleg se suma la enfermedad de su padre. A las dificultades en la policía se suma la traición. Encontramos un Hole mucho más deprimido, mucho más triste, sin esperanza y resignado. Pero afortunadamente parece que aún hay cosas que le empujan a seguir adelante.

 

Nada pasa por casualidad en las novelas de Jo Nesbo. El detalle más insignificante está ahí por algo, y es algo que vas descubriendo a lo largo de la novela. Te proporciona las pistas, las tienes delante, y de ti depende que vayas por delante de Hole o a la par. Reconozco que con las novelas de Harry Hole mi capacidad detectivesca se anula: me dejo llevar de tal forma que no me paro a meditar quién será el culpable. Simplemente me da igual, solo quiero recorrer las páginas de la mano de Nesbo, que sea él quien me guíe como una marioneta. Y me encanta. Es goce puro y duro.

 

Recorreremos las calles de Hong Kong, esquiaremos en las altas montañas noruegas, visitaremos el Congo y sus volcanes humeantes, tendremos la ayuda de una antigua compañera desde nada menos que un psiquiátrico. Desde luego, son las novelas negras nórdicas menos nórdicas que he leído nunca. Ni por el ritmo, ni por los personajes ni por la trama. Aquí todo va a toda velocidad, los golpes de efecto y los cliffhangers colman la historia, no te da un respiro. El cuerpo te pide constantemente “otro capítulo más”. Hasta que acabas con el libro.

 

Si no habéis leído las entregas anteriores no os recomiendo que empecéis por esta. No hay problema en leerla de modo independiente, es perfectamente entendible. Pero quizá sea en la que más spoilers suelta respecto a las anteriores. Y si tienes intención de leerlas, puede que te arruine parte de la diversión. Aunque Nesbo es cuidadoso. A pesar de lo presente que está el caso de El muñeco de nieve, y que dicho asesino es citado en numerosas ocasiones en la novela, nunca te llega a decir su verdadero nombre, con lo que sí hay spoilers pero camuflados lo máximo posible.

 

 

Serie de Harry Hole:
– The bat. (1997)
– Petirrojo. (2000)
– Némesis. (2002)
– La estrella del diablo. (2003)
– El redentor. (2005)
– El muñeco de nieve. (2007)

 

Título: El leopardo (The Leopard)
Autor: Jo Nesbo.
Traductor: Carmen Montes Cano y Ada Berntsen.
Editorial: Roja & Negra (2014)
Año de publicación: 2009.
ISBN: 9788439728948
Páginas: 696
Precio: 19,90€
Ficha del libro en Roja y Negra:
http://www.rojaynegra.com/libro/el-leopardo/