“El honor es una mortaja. Nada más que eso. […] Simple y llano orgullo, Hero. Al único sitio al que te lleva es a la tumba. “

 

Que la venganza es uno de los sentimientos más viscerales del ser humano es de sobra conocido por todos. Hay daños irreparables que aunque sepas que al vengarlos no se solucionarán no puedes evitar esa ira que se apodera de tu ser. El vengar tu honor no te devolverá lo que te han arrebatado pero de algún modo, quizá, apacigüe tu alma. Eso sí, para llevar a cabo una venganza debes tener tus motivaciones muy presentes, no desviarte de tu objetivo, ser muy frío en tus decisiones. El problema está cuando estas motivaciones se diluyen en el olvido de una amnesia.

 

Samuel perdió hace dos años a su mujer y a su hijo en un atraco a un banco. Algo salió mal, y lo que peor salió es que él no murió en dicho atraco. Se libró de una muerte segura por milímetros, y eso ha provocado que cada día que pase su mente se vaya convirtiendo más y más en una sombra. Dos años de espera y una memoria perdida para llevar a cabo una venganza.

 

No os estoy soltando el spoiler más grande del mundo. El honor es una mortaja es una de esas novelas en las que desde un comienzo conoces al asesino y sus motivaciones, y aún así el interés no decae durante toda la trama. La otra parte de la ecuación será la persecución de sus pistas y pasos por parte de Herodoto Corominas y su compañero Carlos Agüero. El personaje de Corominas es de esos que brillan con luz propia. Es un inspector de una ciudad de provincias cualquiera (de hecho la historia transcurre en la ficticia ciudad de Ofidia), con una trayectoria cualquiera y una vida cualquiera. Pero con unos valores y una tradición que destacan en decenas de frases y expresiones para subrayar: una defensa a ultranza de la experiencia frente a la juventud, un resuelto perseguidor de la verdad por encima de todo, un hombre con una historia familiar que pesa sobre sus hombros. Es simplemente un hombre colmado de humanidad y sentido común, algo cada vez más difícil de encontrar hoy en día.

 

Carlos Bassas es guionista de profesión y eso se nota para bien. En primer lugar, porque las descripciones son breves y muy gráficas. La novela es corta pero no le falta ni una coma. Sorprende observar lo corta de la extensión de algunas escenas y lo bien ilustradas que están. Todo medido al milímetro, sin grandes florituras pero no por ello sin un vocabulario exquisito. Ya sabéis que soy una gran defensora de las distancias cortas, de las novelas breves, de esas obras que puedes leer de un tirón o de dos como mucho. Y esa novela se adapta a la perfección a ese contexto. En segundo lugar, porque la novela está salpicada de referencias cinéfilas fácilmente reconocibles para los amantes del género: El padrino, La cabina, Perdición, Forajidos, Una noche en la ópera…

 

No sé si recordaréis que os hablé de Carlos en esta entrada sobre una de las charlas en Getafe Negro, concretamente sobre la literatura japonesa. Carlos es una verdadera enciclopedia sobre esta cultura, y como no podía ser de otro modo esto se plasma en la novela. La estructura está planteada en cinco actos, al estilo del gran teatro barroco (Hamlet es un ejemplo de ello), que se adapta a los cinco movimientos del Iaido, e incluso una leyenda japonesa archiconocida da pie a la introducción del leitmotiv de la historia.

 

Por si todavía no estáis decididos a leerla, El honor es una mortaja ha sido galardonada con el VII Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona. Y qué gusto da leer una novela premiada que realmente ves merecedora de ese honor. Y lo mejor de todo, es que está en el horno la segunda entrega del inspector Herodoto Corominas. La espero con muchas ganas.

 

Título: El honor es una mortaja.
Autor: Carlos Bassas.
Editorial: Almuzara (2013)
ISBN: 9788415828358
Páginas: 224
Precio: 15€
Ficha del libro en Almuzara:
http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=1352&edi=1