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Nunca sacrifico las gallinas viejas. Me da igual que ya no pongan, cumplieron con su servicio, me dieron todo lo que podían y se merecen un retiro digno.

 

¿A que esta no puede ser la filosofía de un mal tipo? Alguien que opina así, tiene que ser buena persona. ¿O no? ¿Y si resulta que Marquitos no es tan bueno como parece? ¿Y si resulta que Marquitos tiene un oscuro pasado?

 

Marcos Laguna vive en la isla de Simetría. Lleva una vida tranquila y sin preocupaciones. Cuida sus viñas y de sus gallinas, tanto de las nuevas como de las viejas. Las deja a su libre albedrío, que pongan donde quieran, que él ya recogerá los huevos. Se dedica más al trueque que a la compra de productos para subsistir, y eso le lleva a plantarse delante de la puerta de una casa. Una casa donde vive una magnífica mujer que huele a magnolias, y que le hace perder el rumbo.

 

Esa mujer es una promesa de estado de bienestar. Si tengo que caer esta noche, que sea entre sus brazos.

 

Y encima, resulta que su marido la tiene doblegada a golpe de puñetazos.

 

Un hijo de la gran puta de los que doblega a la parienta a hostias, de los que marca su propiedad en tono morado.

 

Marquitos hace 10 años que enterró el hacha de guerra y que ya no es el justiciero que era. Hasta ese preciso instante, en que algo dentro de él cambia y necesita a Magnolia, como la bautiza. Entre una narración en presente y otra en pasado, iremos alternando los acontecimientos de su vida, conociendo todo lo que ha vivido y ha hecho hasta llegar a ese momento.

 

Por cierto, Marquitos es un tío de casi dos metros. Marquitos está lleno de monstruos, demasiados, tantos que hasta le rodean y puede verlos. Es un ser despreciable que comete actos despreciables, pero con el cuál, de modo increíble, sientes empatía en más de un momento.

 

El estilo de Darío Vilas es impecable. La novela está genial escrita, y te sumerges en ella desde la primera página. Además, debido a su corta extensión la devoras en un par de tardes como mucho. El estilo es muy directo y sin concesiones. No es una novela dura en su conjunto, pero tiene un par de fragmentos en los que te hace cerrar el libro y acordarte de toda su familia.

 

El hombre que nunca sacrificaba gallinas viejas no es una novela convencional. Ni lo son sus personajes, ni lo es la trama. La historia es extraña y en algunos puntos puede llegar a confundirte. Pero cuando la terminas, se te escapa uno de esos gloriosos “joder, qué buena es”, y te das cuenta que a pesar de ser cruda, a pesar de esos fragmentos un tanto desagradables, has estado con una sonrisa en la cara la mayor parte de la novela. Y conseguir eso con una novela que en esencia no es divertida, me parece un logro. Es una de esas novelas con las que disfrutas, y que si el tiempo te lo permite, te apetece leer de principio a fin, sin descanso. Y tiene una de las mejores escenas de final de novela que he leído en mucho tiempo.

 

El libro está publicado por Tyrannosaurus Books, una de esas editoriales pequeñitas y muy bien cuidadas de las que cada día soy más defensora. Tienen tiradas pequeñas, y un catálogo exquisito, muy centrado en un tipo de novelas muy concretas. Creo que estas editoriales son un acierto para contrarrestar a las enormes con sus campañas de marketing mastodónticas que nos entran por los ojos a todas horas. Estas son de esas novelas que se hacen un hueco solas debido a su calidad y al boca a boca, y creo que es una de las mejores cartas de presentación que puede tener una novela: que sean sus lectores quienes te la recomiendan.

 

*Gracias al blog Cruce de Caminos por su concurso del Reto Negro Criminal 2013, me llevé este libro en un concurso. Así que, gracias David por patrocinarme su lectura 🙂

 

 

Título: El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas
Autor: Darío Vilas
Editorial: Tyrannosaurus Books. Colección Dirt
ISBN: 9788494102080
Páginas: 184
Precio: 13,95 €
Ficha del libro en Tyrannosaurus Books:
http://www.tyrannosaurus.es/books/index.php/catalogo/product/110-el-hombre-que-nunca-sacrificaba-las-gallinas-viejas