Según Selected Letters of Dashiell Hammett la noche del 22 de noviembre de 1930, el sábado antes de Acción de Gracias, Hammett acudió a una fiesta en Hollywood celebrada por Darryl F. Zanuck quien sería en poco tiempo uno de los productores más conocidos de la Edad de Oro de Hollywood. En este evento Dashiell Hammett y Lilliam Hellman (quien en ese momento era la esposa de Arthur Kober, guionista de la Paramount) se conocieron. Y no solo es que se conociesen: esa noche abandonaron la velada juntos y fueron compañeros sentimentales por el resto de sus vidas. Al menos, de la del bueno de Hammett.

 

Esta introducción viene a colación de la historia de la que quiero hablaros hoy, El hombre delgado. Estamos ante el último libro que publicó Hammett en enero de 1934. No falleció hasta 1961, pero no volvió a publicar nada más. Algunos argumentan que fue debido al éxito que cosechó con sus escasas cinco novelas. Al fin y al cabo deja claro en sus escritos que el motivo por el que empezó a escribir fue únicamente por dinero, y en sus cartas se percibe la importancia que da a los adelantos de las editoriales como un reclamo para él para seguir escribiendo. Vendió los derechos al cine de El halcón maltés, de La llave de cristal y de El hombre delgado, y eso le granjeó fama y fortuna. Otros dicen que se volcó desde la sombra con las obras que estrenaba en Broadway su compañera Hellman. En cualquier caso, más adelante debido a sus fuertes y férreas ideas políticas terminó en la cárcel y eliminado de las librerías en los últimos años de su vida. Pero eso es otra historia que os contaré otro día.

 

El caso es que el cambio sufrido narrativamente de La llave de cristal, la que considero que puede ser su mejor novela, a El hombre delgado es abismal. Y tan solo distan 3 años entre la publicación de una y de otra. ¿Qué sucedió en ese espacio de tiempo? La respuesta es sencilla: que conoció a Lillian Hellman.

 

Con esto no quiero acusar a la pobre Hellman de “estropear” al padre del hardboiled. Pero sí que le dulcificó. No sé hasta qué punto la aparición de Lillian en la vida de Hammett tiene que ver en el cambio de tono que se produjo en esta historia, pero revisando las cartas que intercambiaron en esos años y observando hasta qué punto Hammett estaba completamente enamorado de ella, sospecho que la influencia fue importante.

 

¿Dónde radica la diferencia? En esta ocasión estamos de nuevo ante una historia de detectives. Pero en este caso nuestro protagonista Nick Charles está felizmente casado y lleva una vida acomodada. Nada de lobos solitarios viviendo en su oficina y enamorándose de la femme fatale de turno que entra por su puerta en busca de un héroe que la saque de un apuro. Aquí tenemos a un investigador retirado que por circunstancias del destino se verá involucrado en la investigación de un caso enrevesado, a un detective afamado y adorado por todos los que le conocen.

 

Su viejo amigo Clyde Wynant le remite una carta desesperada en la que solicita su ayuda para esclarecer el asesinato de una jovencita que resulta ser su amante, y del cual él es el principal sospechoso. Aunque de entrada no quiere involucrarse, no le quedará otra cuando el propio Wynant desaparece y su familia está desesperada con la sospecha de que haya podido sucederle algo. La trama se enrevesa hasta límites insospechados, y más le vale al lector no parpadear demasiado porque es probable que se pierda por el camino.

 

Aunque la trama es soberbia y Hammett demuestra que sabe cómo crear intriga y mantener al lector pegado al libro, la diferencia la marcan las dosis de humor que despliega en los diálogos. El duo Nick y Nora Charles funcionan como las manecillas de un reloj, ambos en la misma sintonía y con una complicidad que se palpa. La ironía ya era uno de los puntos fuertes de Hammett hasta esta novela, pero aquí lo lleva a un paso más allá haciendo que no se te despegue la sonrisa leyendo las disparatadas situaciones a las que se enfrentan.

 

Esta fórmula, que estamos tan cansados de ver hoy en día, no era habitual en el momento en que Hammett escribió El hombre delgado. Y debido además al éxito que tuvieron las películas que surgieron tras la novela el arquetipo se instauró y se repitió hasta la saciedad hasta nuestros días. Como bien nos recuerdan los chicos de Thrilling Detective este patrón es el que muchos de nosotros vimos en nuestra infancia en Luz de Luna, en Un cadáver a los postres o que hemos visto recientemente en Mr. y Mrs Smith.

 

Respecto a esas adaptaciones, El hombre delgado se convirtió en película el mismo año de la publicación del libro, y tuvo un éxito apabullante. La química que derrochaban William Powell y Myrna Loy en la gran pantalla enamoró al público y lo que era la historia de un solo libro se convirtió en seis películas. Tan solo El hombre delgado corresponde a la trama de la primera película, el resto fueron invención para el cine. Por si os interesa, la lista es esta:

 

  • La cena de los acusados (The Thin Man, 1934)
  • Ella, él y Asta (After the Thin Man, 1936)
  • Otra reunión de los acusados (Another Thin Man, 1939)
  • La sombra de los acusados (Shadow of the Thin Man, 1941)
  • El regreso de aquel hombre (The Thin Man Goes Home, 1944)
  • La ruleta de la muerte (Song of the Thin Man, 1947)

 

Aunque podríamos decir que vista una vistas todas, porque la estructura es idéntica, la verdad es que son comedias que merecen tanto la pena que incluso Asta el perro tiene grandes momentos. Eso sí, dosificadlas porque vistas muy seguidas pueden resultar aburridas por su similitud.

 

Os preguntaréis qué es ese otro libro que aparece en la fotografía titulado El primer hombre delgado. Este pequeño volumen es una maravillosa joya para los fanáticos del escritor. Cuando Hammett comenzó a escribir esta historia estos fueron los diez capítulos con los que arrancó, los que contiene este libro. Pero la historia se quedó ahí, y esas páginas empezaron a pasar de mano en mano hasta que se perdieron. 45 años después, en 1975, esos diez capítulos se publicaron en la revista City Magazine.

 

A pesar de que reconozco la genialidad de la historia final de El hombre delgado y lo importante que fue su aportación, la canónica El primer hombre delgado me ha parecido excelsa. Y observando la progresión ascendente que estaba llevando la obra de Hammett no puedo dejar de sentir cierta lástima porque dejase esta trama sin terminar. Sí, es probable que hubiese sido más similar a las anteriores, pero el estilo es tan bueno que podría habernos dado el gusto de continuar un poquito más… Aunque quizá el mito hubiera muerto de éxito.

 

“No lo he visto nunca, pero es muy alto. Puede medir muy bien uno noventa. Y es delgado. Dicen que no llega a los setenta kilos. ¿Sabe? Es tuberculoso: por eso vino aquí. Anda por los cuarenta y cinco años, y está bronceado, pero amarillo, con los ojos castaños y el pelo muy oscuro. Tiene bigote – de unos diez centímetros, por lo menos -, poblado y enmarañado, y tiene las cejas pobladas y enmarañadas. Hay montones de fotografías suyas en su habitación. Puede usted cogerlas. Llevaba un traje de tweed gris bastante arrugado, sombrero gris y zapatos marrones. Tiene los hombros anchos y rectos y anda casi de puntillas y a grandes pasos. No fuma ni bebe y tiene la costumbre de hablar solo.”

 

Título: El hombre delgado (The thin man)
Autor: Dashiell Hammett.
Traductor:Fernando Calleja Gutiérrez.
Editorial: Alianza Editorial (2011).
Año de publicación: 1934.
ISBN: 9788420653587.
Páginas:288.
Precio:10,20 €
Ficha de libro en Alianza: http://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=2904816&id_col=100500

Título: El primer hombre delgado (The first thin man)
Autor: Dashiell Hammett.
Traductor: Justo Navarro.
Editorial: Seix Barrarl – Únicos (2005)
ISBN: 9788432243127.
Páginas:128.
Precio:10 €
Ficha del libro en Seix Barral: http://www.planetadelibros.com/libro-el-primer-hombre-delgado/13440