La señora Armitage comienza a realizar una serie de visitas al psiquiatra, un analista de método freudiano empeñado en rebuscar en su pasado para dar con la raíz de las frustraciones de su presente. Ella no tiene muy claro lo que él está buscando, y trata en todo momento de darle la respuesta correcta, aquello que él está esperando oír. Rara vez se han preocupado por lo que de verdad piensa o siente, y por ello busca en todo momento encontrar una respuesta que satisfaga al terapeuta en vez de tratar de hallar la utilidad a estas sesiones. Y es que la señora Armitage tiene muchos hijos, montones de ellos. Tantos que cualquier persona racional pensaría que tiene un problema si quiere seguir engendrando aún más retoños. Pero ella no deja de argumentar que es algo que se le da bien, y precisamente por ello le gustaría tener uno más con su cuarto marido.

 

Acaba de contraer matrimonio con Jake. Le comunican la noticia a sus respectivos padres y las situaciones que viven con cada uno de ellos resulta hilarante. El ambiente de tragicomedia es constante, y las vidas de los protagonistas se suceden sin mayores contratiempos hasta la mitad de la novela aproximadamente, momento en que hay un nuevo embarazo en marcha y Jake confiesa que no quiere más niños en casa.

 

El devorador de calabazas resulta un libro de estructura peculiar. Como decía, no es hasta alcanzado el ecuador de la trama cuando el incidente detonador aparece. Las primeras páginas parece que buscan ponernos en situación, ahondar en la personalidad de los protagonistas, que veamos cómo interactúan y cómo piensan. En ese punto, la protagonista nos dice que está embarazada, y toda una serie de acontecimientos se suceden en cadena hasta la conclusión final. Resulta una estructura arriesgada, porque si entras al texto a ciegas no sabes bien hacia dónde de está llevando la historia ni qué trata de contarte.

 

Toda esta confusión no es fortuita. A través de los diálogos, de las relaciones personales, de las sesiones con el psiquiatra, descubriremos poco a poco que nuestra protagonista sin nombre nunca ha aprendido a ser un individuo en sí mismo. Tan solo sabe ser aquello que le han enseñado: que una mujer debe casarse, tener hijos y formar una familia. Que este sea su cuarto matrimonio también indica que su capacidad para conseguir una cierta estabilidad no está muy desarrollada. Y además habla de los abandonos a sus maridos con una frialdad y una indiferencia que resulta abrumadora.

 

“Querida señora Evans, amiga mía. Querida señora Evans, por Dios, venga a enseñarme cómo vivir. No es que lo haya olvidado; es que nunca he sabido. Un útero no es tan importante. Es solo la cuna de la vida, algo que tira de la luna como si fuera una cometa y hace que el mar suba y baje, suba y baje, la respiración del mundo. En el colegio, la palabra «útero» provocaba risas. Las mujeres no son tan importantes. […] Los hombres — lógicos, valientes, humanitarios, creativos, heroicos —, los hombres se burlan de nosotras. Cómo vuelan los insultos. ¿Oye lo que dicen, mientras recorremos a baquetazos el pasillo entre el útero y la tumba? «¡Deja de intentar ser un hombre! ¡Deja de ser una maldita mujer! ¡Eres demasiado fuerte! ¡Eres demasiado débil! ¡Vete! ¡Vuelve!…»”

 

Al igual que sucedía en Papá se ha ido de caza, en El devorador de calabazas se pone en tela de juicio la institución del matrimonio. Su utilidad, las repercusiones nefastas que tiene en determinado tipo de mujeres. Cómo la sumisión a la que se somete al componente femenino de la pareja llega a anular la voluntad y la determinación de muchas esposas, haciendo que tan solo se dejen llevar por aquello que se espera de ellas. No deja de ser maltrato psicológico, porque el resultado obtenido es el de una mujer que no sabe enfrentarse a su vida. Siempre busca un refugio, sea en su familia, en su marido o a través de la crianza; crianza que como señala en más de un punto no deja de ser un nuevo anclaje que no le permite desarrollar su propia personalidad. Todo esto convierte a esas mujeres en seres dependientes de unos y de otros, lo que las muestra débiles y frágiles a ojos de los demás.

Penelope Mortimer

Si el tono de Papá se ha ido de caza era de una melancolía devastadora, el de este es de una ironía ácida que hace que el lector sienta el resentimiento y la amargura de la protagonista a lo largo de toda la novela. Que esté narrada además en primera persona consigue que empaticemos de un modo más directo con todo lo que le sucede, llegando a sentir compasión en algunos puntos.

 

Comprendo que esta sea la obra más aclamada de la autora — especialmente por los desgarradores paralelismos con su vida real — ya que esa voz en primera persona hace que sea más dolorosa y que el impacto sea más fuerte por lo que cuenta. Sin embargo, no puedo evitar quedarme con Papá se ha ido de caza. Creo que la cantidad de reflexiones sobre que las mujeres necesitamos una habitación propia son más potentes aún en Papá se ha ido de caza. Puede que también lo vea así porque la trama de esta se centra más en los personajes femeninos, mientras que en El devorador de calabazas el personaje de Jack tiene un papel de mucho peso. Por supuesto, no digo que eso sea malo, sino tan solo que a mí me ha resultado más atractivo ese enfoque. El tono melancólico me ha enamorado más que el de rabia contenida, quizá por la desesperanza que consigue empaparte durante la lectura.

 

En cualquier caso, ambas son obras brillantes que son injustamente poco conocidas. Esta fuera de nuestro país sí que ha tenido más repercusión y continuidad, pero aquí no he oído hablar tanto de ella como sería deseable. Que los lectores masculinos no se echen atrás con esta novela, ya que el tema principal es el matrimonio y el desgaste que este puede ocasionar en los miembros de una pareja, tanto de él como de ella. Espero y deseo que Impedimenta continúe traduciendo la obra de esta escritora tan fascinante porque merece mucho la pena.

 

Título: El devorador de calabazas (The Pumpkin Eater)
Autor: Penelope Mortimer.
Traductor: Magdalena Palmer,
Editorial: Impedimenta (2014).
Año de publicación: 1962.
ISBN: 9788415979364.
Páginas: 240.
Precio: 19,95€
Ficha del libro en Impedimenta: http://impedimenta.es/libros.php/el-devorador-de-calabazas