“Faltaban tres minutos para las seis de la tarde del 15 de marzo de 192-.”

 

Así arranca El delator, una de esas obras maestras que se me habían escapado de los dedos, no sé si por poco conocida o no haber recibido mi atención. El delator es un paseo por la culpa del alma humana, que en menos de 24 horas nos hará recorrer los distintos estados de ese sentimiento del que es tan difícil obtener redención.

 

Francis Joseph McPhillip es un fugitivo, está perseguido por la justicia por asesinato, el asesinato del secretario de la delegación local del Sindicato Agrario durante una huelga de granjeros el pasado octubre. Por ello ha estado escondido en las montañas desde entonces, con otra serie de huidos de la justicia. Y ese fatídico 15 de marzo decide volver a su ciudad, quiere ver a su familia. Pero antes de acudir a su casa pasa por la pensión Dunboy a saludar a su viejo amigo Gypo Nolan para que le informe de cómo van las cosas, si su casa está vigilada, si realmente corre un grave peligro si asoma por allí las narices.

 

El problema está en que Gypo lleva demasiado tiempo sin nada que llevarse a la boca, sin una cama donde dormir caliente. Gypo es un expolicía al que echaron del cuerpo porque se sospechaba que pertenecía a la Organización Revolucionaria, organización de la que le expulsaron a su vez tiempo después. Tras la expulsión no le quedó nada, y se pasa la vida simplemente sobreviviendo. Y de pronto se encuentra con la oportunidad de cobrar las 20 libras de recompensa que la policía pagaría por alguna información sobre cómo dar con el paradero de McPhillip. Ya tenemos a nuestro delator, al cadáver de McPhillip y al jefe de la Organización rastreando al culpable.

 

Que nadie me eche a los perros, que esto que os acabo de contar no es un spoiler como una casa, ocurre en las primeras páginas de la trama. La verdadera historia surge después, cuando Gypo se encuentra con 20 libras en el bolsillo y esa sensación de poder que le da el dinero. Pero no es tan fácil. No estamos en un lugar demasiado grande y nadie quiere dejar pasar que hay un delator entre la gente que les rodea. No hay nada más sucio que ser un soplón. Aunque con ello hayas liquidado a un ser despreciable, eso no importa: la lealtad pesa más que la justicia.

 

Como os decía, nos encontramos con una historia que transcurre en menos de 24 horas. Siendo una novela escrita en Irlanda es casi imposible que no te venga a la mente Ulises, de James Joyce, historia que también transcurre en un solo día. Por otro lado, como bien se nos indica en el prólogo, el peso de la religión está muy presente en la novela: la culpabilidad, la redención, esas 20 libras que tanto recuerdan a las 30 monedas de plata que Judas cobró por delatar a Jesucristo. Y una escena final absolutamente brillante, en la que la iconografía religiosa pesa más que en ninguna otra parte del libro. (Por cierto, a pesar de que el prólogo es imperdible, no os recomiendo leerlo hasta después de terminar la novela, porque en dicho prólogo se destripa el final sin piedad)

 

 Algo que de entrada me costó en la novela fue el tema del lenguaje en los diálogos. Está claro que es una de esas novelas que pierden con la traducción porque casi todos los personajes son unos verdaderos paletos, con un habla muy tosca, que al reproducirse de forma escrita choca sobremanera. Pero a medida que avanzan las páginas, se termina adoptando como algo natural:

 

“- Vente al bar de Ryan – susurró Mulholland a Gypo en su tono lánguido de siempre, como si no hubiera pasado nada -. El comandante Gallagher está ahí y quiere verte.
– ¿Pa qué quiere verme a mí? – ladró Gypo -. Si ya no estoy afiliao a la Organización. No tiene ningún asunto pendiente conmigo, así que no voy.
– Vamos, hombre – susurró Connor -. No te quedes aquí de palique. Ni que te fuera a comer. Vamos. ¿Le ties miedo al comandante? ¿A santo de qué?
– Aún no han parío al hombre capaz de meterme miedo a mí – masculló Gypo -. Vamos.”

 

Uno de los puntos fuertes de la novela son las descripciones, tanto de los lugares, como de las personas, añadiéndole un matiz poético cargado de comparaciones y epítetos que hacen que te imagines los ambientes a la perfección:

 

“Estaba en la barriada obrera que tan bien conocía, donde estaba la calle Tiff, los burdeles, La Boca del Lobo, los edificios de pisos baratos, las iglesias, las casas de empeños, las tabernas, los escombros, la suciedad, la delincuencia, las mujeres hermosas, el idealismo resplandeciente de las mustias bodegas, los santos famélicos de las buhardillas, los ejemplos más espeluznantes de disipación y vicio, todos viviendo muslo con muslo, pecho con pecho, en esa fétida ciénaga que era la orilla norte del río Liffey. “

 

No solo la trama es soberbia, también lo es la ambientación, y ese final que os digo que deja el listón muy alto. Un final resuelto en tan solo cuatro páginas y del que líneas antes tienes ciertas dudas sobre cómo se resolverá todo. Además de todo esto lo que más sorprende es ver cuándo se escribió esta novela: 1925. Sabiendo este dato sorprende aún más la calidad de la narrativa, de los detalles, de los diálogos, el hecho de comprimir la historia en tan solo unas horas, el ambiente que consigue crear. Hay un par de escenas grandiosas pero si tuviera que escoger entre toda la novela me quedaría con esas escasas dos páginas del final, que hacen que la novela sea redonda. Con todo esto no quiero decir que el hecho de estar escrita en 1925 sea símbolo de que pudiera ser mala, pero me he topado últimamente con varias novelas escritas en esa misma época y con una calidad infinitamente menor. Y las comparaciones son odiosas, pero ahí están.

 

El-delator-pelicula

Una vez terminada la novela no queda otra que buscar la magnífica adaptación cinematográfica de John Ford. Tan solo altera dos matices pero el resto es calcado a la novela. Sorprende cuánto. Completamente de acuerdo con Antonio Rivero Taravillo, el prologuista, en que es más heredera del cine expresionista alemán que quizá del cine negro norteamericano: las calles colmadas de niebla, los rostros tan expresivos, las sombras producidas por transcurrir toda la trama de noche, planos sobreimpresionados. Aunque casi todos ellos pueden ser rasgos también del cine negro no lo es tanto el ritmo de la narración. En la novela es un ritmo continuado, sin largas descripciones ni pausas que ralenticen la trama, y en la película sucede igual. Quizá una película más influida por el cine negro sí que habría tenido una acción más vertiginosa, y sobre todo más diálogo. La influencia del cine mudo sigue muy presente, mostrando la acción siempre que se puede con gestos antes que con palabras (el hecho de que Gypo se choque contra un letrero tremendamente elevado nos indica su gran altura, aspecto que no se cita en ningún momento de la película pero en el que se insiste mucho en la novela: con un solo gesto observamos cuán grande es).

 

Aparte de que yo os diga que la película es excelsa también podéis hacer caso de los 4 Oscars que se llevó en 1936: mejor director, mejor actor, mejor guión y mejor música.

 

De toda la película de Ford me quedo con el momento en que la policía irrumpe en la casa de McPhillip para apresarle. Bárbaro. Y por supuesto, la brillante actuación de Victor McLaglen, al que deberíais conocer por El hombre tranquilo, también de John Ford, y que a mi me gustó especialmente en Fatalidad, de Sternberg, actuando junto a Marlene Dietrich. Y no hace falta decirlo ¡pero la película en versión original, por favor! En este caso más que nunca por el tema que os comento del uso del lenguaje. Aunque el doblaje no es malo se pierde por completo ese matiz.

 

Adaptaciones ha habido más, por ejemplo una bastante destacable en 1929, aún en mudo, dirigida por Arthur Robinson, pero desde luego no al nivel de la de Ford. Y un remake peculiar de la de John Ford en 1968, Up Tight, que transcurre en Ohio con la comunidad negra como protagonista. Hasta en España tuvimos una adaptación para televisión en 1963 por Fernando García de la Vega. Tantas adaptaciones querrán decir algo.

 

 

Título: El delator (The Informer)
Autor: Liam O’Flaherty.
Traductor: Gabriela Bustelo.
Editorial: Libros del Asteroide (2007)
Año de publicación: 1925.
ISBN: 9788493544881.
Páginas: 252.
Precio: 16,95€.
Ficha del libro en Libros del Asteroide: http://www.librosdelasteroide.com/-el-delator