La vida que conocemos ha desaparecido. Los EEUU se han convertido en una república con un marcado fanatismo religioso llamada Gilead. La organización social es clara y cerrada, señalada con colores. Por un lado, tenemos a las esposas, vestidas de azul. Ellas viven con sus maridos, cuidan de sus hijos y disfrutan de una vida tranquila y acomodada. Luego tenemos a las Tías, vestidas de marrón. Ellas son las vigilantes de que toda la normativa social se cumpla, adoctrinan a las criadas y las castigan cuando consideran que han cometido una infracción. Las Marthas visten de verde. Podríamos decir que son las amas de casa de esta sociedad, quienes limpian y cocinan. Las hijas visten de blanco y tienen una corta edad. Las protagonistas de esta historia son las criadas. Visten de rojo y son los úteros de Gilead. Sin ellas, la vida llegaría a su fin. Y por último, están las no-mujeres, aquellas que no entran en ninguna de estas categorías, que han tenido un pasado pecaminoso y que no pueden traer niños al mundo. Ellas son desterradas a las colonias a vivir el resto de sus días. Por supuesto, en esta sociedad hay hombres. Los más poderosos son los Comandantes, personas de alto rango cuyo papel principal en esta partida es el de fertilizar a las criadas. Ellos pueden disponer de esposa, Martha y criada. Sin embargo los hombres con menos medios tienen que conformarse solamente con una esposa, o algunos ni siquiera con ningún tipo de mujer.

 

Esta compleja organización social acontece en torno a los años 80 del siglo XX en un mundo distópico. Algo ha sucedido que nos lleva a observar estas estrictas normas de conducta, donde el ocio, la belleza y la cultura se han erradicado por completo de la faz de Gilead. Hay una serie de reglas, de horarios, de alimentos, de formas de actuar que deben llevarse a rajatabla. Una criada siempre debe salir acompañada de otra criada, deben vestir un velo de color blanco que no permite que puedan mirar a la cara a ningún otro ser humano. No pueden leer, no pueden escribir, no pueden tener objetos de su posesión, y las habitaciones están perfectamente preparadas para que las criadas no puedan escapar.

 

“Lo que temen no es que escapemos – al fin y al cabo no llegaríamos muy lejos -, sino esas otras salidas, las que una puede abrir en su cuerpo si dispone de un objeto afilado.”

Todo gira en torno a la perpetuación de la especie. Por ello, la vida de las criadas se reduce a cuidar de sí mismas, asistir a revisiones médicas, copular con los comandantes asignados y tratar de conseguir ser fecundadas. El tiempo es limitado: si no lo consiguen a tiempo, terminarán sus días como una no-mujer. Porque si no puedes engendrar hijos, eso es lo que eres.

 

Margaret Atwood

 

La novela podríamos estructurarla en 2 partes. La primera mitad, Defred (De-Fred, pertenencia a Fred, su comandante) nos situará poco a poco en el mundo que le ha tocado vivir. Veremos cómo de estrictas son las Tías, qué pueden y qué no pueden hacer, y sobre todo nos empaparemos de la forma de pensar de las criadas. Son mujeres completamente anuladas, sin ningún tipo de capaz de decisión. La lectura de esta parte puede resultar árdua debido a que el texto tiene una intención descriptiva, enumerativa. Carece de sentimiento, de emoción, precisamente por la falta de sentimiento de nuestras protagonistas. La forma de ser narrado es en primera persona, pero no como si estuviésemos ante un diario. El lector siente que se ha adentrado dentro de la cabeza de Defred y que escucha sus pensamientos, una serie de ideas sin orden ni estructura, sin una correlación de acontecimientos, algo que viene también propiciado por la falta de variación en sus vidas.

 

En la segunda parte comenzamos a saber. Defred nos cuenta cómo ha llegado el mundo a convertirse en Gilead, cómo se pasó de la sociedad que el lector conoce y ha vivido, a esta otra dimensión alternativa que resulta a la vez lejana y tremendamente cercana. La protagonista, a su vez, comienza a vivir una serie de acontecimientos que modifican su rutina y empieza a abrir los ojos a las personas que le rodean cada día. El tono adquiere un punto más de emotividad y el lector no puede dejar de leer hasta llegar al punto final de la novela.

 

El final creo que puede generar mucha controversia. Las últimas 10 páginas pueden cambiar la percepción de todo lo que el lector ha asimilado hasta ese momento. O no. Creo que es uno de esos cierres que generan aún más que quien se enfrente a esta novela la cierre con un montón de preguntas en su cabeza. Imagino que sea del agrado de unos y de las críticas más feroces por parte de otros. Así como creo que casi nada de lo que te cuenten de esta historia afecta a su lectura, el conocimiento del final sí puede cambiar tu forma de enfrentarte al libro. No creo que saber cómo funciona Gilead sea un spoiler en sí, ya que lo realmente valioso es adentrarte en ese mundo e ir descubriendo cada una de las facetas que posee, cómo la autora consigue ese tono de desesperanza, cómo consigue ponerte los pelos de punta en algunos momentos.

 

Quizá lo más doloroso para Defred, para las criadas, es tener recuerdos de su vida anterior. De momentos felices, de sus parejas, de sus hijos que les han sido arrebatados. El hecho de aferrarse a la posibilidad de que las cosas podrían volver a ser como antes es, quizá, la peor condena.

 

Esta novela está considerada como una novela con un fuerte componente feminista. Y considero que Margaret Atwood lo consigue a partir de un recurso brillante: el de la disociación. Las mujeres de nuestro mundo somos seres humanos complejos. Somos hijas, hermanas, amigas, madres, esposas, amantes, empleadas, empleadoras, y un largo etcétera. Las mujeres de Gilead tan solo pueden ser una cosa: aquello para lo que son escogidas y designadas. Tan solo pueden ser esposas, o dadoras de vida, o vigilantes, o amas de casa. Si eres una criada, no puedes tener un marido. Si eres una esposa, no puedes ser amante. Es un retorno al pasado, a décadas atrás, cuando las mujeres eran traídas al mundo para encontrar un marido y darle a cambio un montón de hijos. Las mujeres tenían limitados toda una serie de derechos y de privilegios. No podían tener propiedades, no eran seres autónomos, no tenían capacidad de decisión, y se consideraba que tampoco tenían la inteligencia suficiente para poder decidir. No existe recurso mejor que llevar las realidades hasta el extremo para poner el foco de atención sobre las problemáticas de la sociedad que, aún hoy, siguen perpetuándose.

 

El cuento de la criada es una novela necesaria. Puede gustarte cómo está escrita o no. Puede desagradarte lo que cuenta o no. Pero es una novela que abre decenas de puertas en tu mente, que te hace recapacitar, que te hace reflexionar. A pesar de todo lo que aún se puede mejorar en la colectividad donde habito, soy una privilegiada. Pero no todas las mujeres ni todos los hombres del mundo tienen los privilegios de los que yo dispongo. Y tenerlo presente, al menos, es un pequeño paso para que la realidad de nuestro mundo no nos resulte indiferente.

 

Título: El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale)
Autor: Margaret Atwood.
Traductor: Elsa Mateo Blanco.
Editorial: Salamandra (2017)
Año de publicación: 1985.
ISBN: 9788498388015.
Páginas: 416.
Precio: 19,00€.
Ficha del libro en Salamandra: http://salamandra.info/libro/cuento-criada