Fin-de-año-leersinprisa

Otro año lector más que termina. La verdad es que ha sido, como os contaba hace un par de días, un año alucinante en cuanto a libros, lecturas y desvirtualización de autores y lectores. La única «pega» es que cada vez tengo más ganas de dedicarme a esto… Y tal y como están las cosas cada vez es menos posible. Pero bueno, a lo que iba.

 

ABANDONADOS (EL FEO)

 

Cada vez soy más consciente de que el tiempo es oro y de que hay novelas que no merecen ni mi tiempo ni mi esfuerzo. No tanto porque sean malas sino porque no todos los libros son para todos los lectores. Para gustos los libros, y si un libro no es para mí no tengo por qué sentirme obligada a leerlo. Así que aunque siempre he sido una cabezota y me he negado a abandonar libros, cada vez me veo más capacitada para hacerlo (y es que me cuesta, mucho).

 

Este año sólo he abandonado un libro, aunque he tenido ganas de abandonar otro par más. No me puedo quejar, ha sido un año de buenas elecciones.

 

El abandonado de este año ha sido Los Doce, de Justin Cronin. Tras 300 agónicas y aburridísimas páginas, decidí que este libro no era para mi. Si en 300 de 800 páginas no sucede absolutamente NADA, creo que puedo decir con autoridad que no quiero leer más de ese libro. Lo empecé con muchas ganas, pensando que iba a ser un libro entretenido y muy ligero, y para mí fue un verdadero tostón. Así que señor Cronin, adiós muy buenas.

 

EL MALO

El año califiqué en esta sección a los «menos buenos». Este año, lo siento pero se queda como el malo a secas.

 

Porque El señor Penumbra y su librería 24 horas abierta, de Robin Sloanes malo, malísimo. Es uno de esos libros que pensé abandonar desde muy el principio, pero la curiosidad me pudo y al final lo terminé para poder criticarlo con argumentos. Es simplón, es tedioso, es aburrido y muy muy pobre. No sé si la traducción tendrá algo que ver, pero como dije en su momento, no puede ser que todo el mundo tenga cara de lechuza. Hay más epítetos, por favor. Esperaba un libro sin grandes pretensiones, pero al menos divertido, y ni eso me proporcionó. Solo muy mala leche.

 

Voy a incluir en esta categoría también a un libro no tanto por malo en sí, sino por lo poco que me gustó. Y fue El verano de los juguetes muertos, de Toni HillEsperaba una novela negra adictiva, con una buena trama, entretenida… Y me encontré con un culebrón con una muerte de por medio, y un jaleo tremendo de personajes. Más peso a las historias personales que a la trama policíaca. Y lo calificaron de novela negra… Este libro no era para mi.

 

Y por último, El hombre del corazón negro, de Ángela Vallvey. Era un libro que tenía mucho potencial, y al final quedó prácticamente inconcluso. Tiene algunas partes bastante buenas, pero el balance del libro en su conjunto es que no es un buen libro.

 

Estos dos últimos en su día no los critiqué tanto en la reseña, pero con el tiempo veo que han sido libros completamente prescindibles en mi vida.

 

EL BUENO

 

Este año ha sido un año de libros muy buenos. La verdad es que o he tenido mucha suerte, o muy buen ojo. Es cierto que cada vez soy menos impulsiva, espero opiniones de la gente, contrasto opiniones, y entonces decido si creo que merece o no la pena perder mi tiempo con él. También es cierto que me dejo aconsejar por gente que sabe de esto, y hay lectores de los que me fío a ciegas. Lo mismo sucede con las editoriales. Hay algunas que considero símbolo de calidad y rara es la vez que me defraudan. Los mejores libros de este año han sido:

 

Lennox, de Craig Russell. Estaba en mi lista de libros para leer desde hacía tiempo, y por una oferta lo cogí rebajado a mitad de precio. Y quedé fascinada. Es una novela negra muy clásica, perfectamente escrita y estructurada, con unos diálogos brillantes, una ambientación buenísima… De verdad, es muy muy buena. Casi puedes ver la niebla de Glasgow al pasar las hojas. Una delicia.

 

Respirar por la herida, de Víctor del Árbol. Qué dura fue la lectura de este libro. Tuve que tomármelo con calma porque es un libro que duele mucho. Me emocionó, me hizo llorar, me enterneció… Es un maremagnum de sentimientos y emociones. No apto para estados emocionales bajos. Pero que todo el mundo debería leer.

 

Embassytown, de China Miéville. Mi querido Miéville. Igual le tengo demasiado idolatrado, pero es que tiene una imaginación portentosa. Fue un libro que me costó. Tuve que volver adelante y atrás, varias veces, tomar notas, usar decenas de post-it… Y quizá por eso la disfruté tanto.

 

El muñeco de nieve, de Jo Nesbo. Tras leerme del tirón toda la serie de Harry Hole, menos el segundo no traducido ni a español ni a inglés, esta fue la guinda perfecta del pastel. Ya me dijo Anik cuando me lo dio que era el mejor de todos los que llevaban traducidos de la serie, y qué razón tenía. No sólo es un thriller muy adictivo y trepidante, sino que la historia personal de Harry me caló.

 

La última tumba, de Alexis Ravelo. Tengo pendiente La estrategia del pequinés, que ya he oído que era diferente a sus libros de Eladio Monroy. Pero es que este es tan pausado, tan reposado, tan meditado… Tan frío como el personaje que lo protagoniza. Perfectamente casado el carácter del personaje con la historia del libro. De esos que te lees en dos tardes, y que probablemente relea en un futuro. Alexis se consolida cada vez más como uno de los mejores autores de novela negra española.

 

Las luminosas, de Lauren Beukes. Una de esas novelas que no me esperaba para nada que fuese a ser así. Leía buenas críticas, y empecé un poco a la expectativa. No sólo tiene una trama buena y adictiva, sino que está muy bien escrita. Me sorprendió muy gratamente, a pesar de lo dura que se me hizo en algunos puntos.

 

El sueño eterno, de Raymond Chandler. Decir que esta es una de las mejores novelas negras que leído nunca es una obviedad. No descubro nada a nadie, es uno de los padres de la novela negra. Otra de esas novelas que releeré, porque tiene unos de los mejores diálogos que he leído nunca. Este año espero seguir con Chandler, que tengo muchas de sus novelas pendientes.

 

Prótesis, de Andreu Martín. Conocí al autor en persona antes de leerle, y es de estas personas que sabes con rotundidad que tienen que ser buenos escritores. Sólo con oírle hablar. Fue un verdadero placer compartir mesa y charla con él, así que cuando entré en esta novela me quedé completamente fascinada. Superó mis expectativas. Es dura, pero es brillante. Algunos hasta la consideran la mejor novela negra en español, con eso lo digo todo.

 

Hic Sunt Dracones, de Tim Pratt. No me cansaré de decir que la Editorial Fata Libelli ha sido uno de los aciertos del año. Por la selección que han hecho, por las ediciones exquisitas que hacen y por apostar por el digital como formato exclusivo de sus libros. Es una apuesta arriesgada que espero que les funcione bien, porque no quiero que dejen de editar. Este libro de relatos ha sido de lo mejor del año. Espero leer pronto todo lo que tengo pendiente de esta editorial.

 

PROPÓSITOS LECTORES PARA EL 2014.

 

En cuanto a número de lecturas, no puedo pedir más. Ha sido un año fabuloso. He terminado 68 libros nada más y nada menos. El año pasado fueron 59, así que la progresión ha sido muy buena. Porque no sólo he leído más número de libros, sino también de páginas (de 14.831 en 2012 a 17.764 en 2013). Puntualizo el tema de las páginas, porque no ha crecido el número por ser libros menos gorditos, sino que todo ha ido en conjunto. De hecho este año he leído libros más voluminosos que el año anterior.

 

En cuanto a géneros, este ha sido el año de la novela negra sin dudarlo. Debido al reto de Cruce de Caminos he multiplicado mis lecturas de este género, y he descubierto a un montón de autores nacionales de novela negra. He disfrutado mucho y hasta he organizado un mes temático dedicado a Jo Nesbo y a mi querido Harry Hole. Así que por este lado sí que he conseguido uno de los retos personales que me había planteado, que era leer más novela negra.

 

Donde sí que he fallado ha sido en las lecturas en inglés, que han sido solo dos, y en cuanto a la lectura de ensayos. Todo mi tiempo se lo ha llevado la novela, y esto es algo que sí que quiero cambiar. Como tampoco quiero ser demasiado ambiciosa y luego no cumplir mis objetivos personales, voy a plantearme leer tanto un ensayo como una novela en inglés cada trimestre. No es demasiado ambicioso y tampoco me agobiaré a mí misma pensando que no lo estoy cumpliendo si pasan los meses y no consigo cumplirlo. Y con los libros en inglés me daré por satisfecha si leo libros de nivel, por algo se empieza.

 

Y el propósito que desde luego no he cumplido es leerme lo que compro. Sí, he leído mucho de los que he comprado, la mayoría, pero mi ritmo de compra es mucho mayor que mi ritmo de lectura… ¡Y algo tengo que hacer con eso! Aunque orgullosa diré que cada vez compro mejor, más escogido, ediciones cuidadas o cualquier cosa que se me pone delante. Me importa tanto el continente como el contenido. Así que aunque compro mucho sí que puedo decir que compro mejor.