El-Beso-De-Glasgow-Russell-Craig-leersinprisa

Atenas había sido la cuna de la democracia; Florencia había dado al mundo el Renacimiento; Glasgow había llevado a su máximo refinamiento el arte del cabezazo: el Beso de Glasgow, como lo conocían cariñosamente en todas las naciones del mundo.

 

Los que pensábamos que el título de esta novela podía tener connotaciones de ámbito romántico, ya podemos desterrar esa idea, ya que El beso de Glasgow es precisamente cualquier cosa menos romántico.

 

El hecho de que aparezca la palabra Glasgow en el título del libro creo que es una declaración de intenciones, ya que Glasgow es un personaje más de esta novela. Su clima, sus gentes, cómo la gente se gana la vida, el carácter de sus habitantes, los rincones más especiales de la ciudad, el escaso bullicio de sus calles. Sin conocer Glasgow, he podido percibir el olor de sus calles, sentir el empedrado de sus casas, notar la lluvia sobre mi cara.

 

Si hay algo que Glasgow hace bien – mejor que cualquier otro sitio, que yo sepa – es llover. Hubo en el cielo un par de deslumbrantes fogonazos, y antes de que retumbara sobre mi cabeza un trueno ensordecedor, la lluvia ya golpeaba el parabrisas. No es que lloviera simplemente: era como si una rabia contenida impulsara los gruesos goterones que repiqueteaban con furioso redoble en el techo del coche y se burlaran de los animosos pero endebles esfuerzos del limpiaparabrisas. 

 

Me quito el sombrero ante Craig Russell. Otra vez. El año pasado me quedé maravillada con Lennox, y la segunda entrega no defrauda. Es incluso mejor. En El beso de Glasgow a Lennox le encargarán dos investigaciones muy diferentes. Por un lado, Sheila Gainsborough, conocida en Glasgow por su relación con el mundo del espectáculo, le encarga a Lennox que investigue la desaparición de su hermano. No quiere avisar a la policía porque teme que está metido en un lío, y a la vista de cómo han registrado el piso en el que estaba viviendo, parece cierto.

 

Por otro lado, Lennox sigue relacionado con los Tres Reyes, los jefes del hampa de Glasgow, al cargo de la mafia y los trapos sucios de Glasgow. Uno de ellos, Sneddon, le encarga que vigile muy de cerca a un boxeador que en un par de semanas tendrá un combate en el que hay mucho dinero en apuestas en juego. Parece ser que el luchador, Kirkcaldy, ha recibido amenazas y los organizadores de la lucha están preocupados por las pérdidas en caso de que le sucediera algo.

 

Entrarán en juego muchos más personajes y muchos más factores, estrechando el círculo de ambos casos y relacionando gente entre unos y otros. La investigación aparentemente avanza lenta hasta que Lennox descubre que no le han contado todo lo que debería saber para seguir con sus investigaciones. Y tiene que descubrirlo de la peor forma: con una visita de la policía en su propia casa.

 

La complejidad de las tramas es increíble. Entran un montón de factores en juego: juego ilegal, tráfico de drogas, robos, estafas… La documentación que se percibe en la novela es enorme, llegando a saltar el charco a Estados Unidos y narrarnos los inicios del tráfico de heroína, las repercusiones que tuvo y la velocidad con la que se extendió como sustituto de la morfina.

 

Por otro lado, el perfil de los personajes es brillante. No sólo consigues hacerte una idea muy aproximada del aspecto físico de los personajes, destacando cosas tan triviales como los cortes de pelo, sino también del carácter de los mismos, ayudándote a predecir cómo reaccionarán antes diversos temas. Una guía de personajes en este tipo de novelas siempre resulta de gran ayuda, pero es cierto que debido a con quién se relacionan los personajes es fácil seguir quién es quién, haciendo que no confundas a unos con otros, que te quede claro quienes son los matones de tal o cual mafioso.

 

– Será una larga noche, Deditos.
– Tengo la radio. He descubierto que el jazz tiene un efecto balsámico en mí.
– Estoy seguro. ¿Quién te gusta?
– Elephants Gerald, sobre todo – respondió sonriendo.
– ¿Quién?
– Ya sabe… Elephants Gerald. El cantante de jazz.
– Ah… – Procuré no reírme – . Quieres decir Ella Fitzgerald.
– ¿Ah, si? Creía que era Elephants Gerald. Ya sabe, uno de los artista de jazz. Como Duke Wellington.
– Duke Ellington, Deditos- dije. Advertí que la sonrisa se había desvanecido de su rostro. Hora de irse.

 

Y como colofón, Glasgow. Esos retratos con los que nos deleita el autor son deslumbrantes. En cada capítulo reserva un espacio a describir un aspecto de la ciudad, incluso criticando las partes menos destacables, como que la juventud desde su nacimiento esté predestinada a unos trabajos en los que nunca prosperará ni se sentirá realizada en toda su vida. A pesar del amor que demuestra por la ciudad, recalca que el único modo de llegar a algún sitio es huyendo de allí.

 

Como siempre, estilo irónico y uso del humor como defensa. Un Lennox violento, pero solo con aquellos que lo merecen. Y muy vengativo. Eso sí, protector como ninguno de los suyos. Un detective de los clásicos, al más puro estilo Chandler.

 

 

Título: El beso de Glasgow.
Autor: Craig Russell.
Editorial: Roca Editorial.
ISBN: 9788499182155
Páginas: 317
Precio: 19€