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Con esta ya son tres las novelas nominadas al Hammett 2014 que os traigo por aquí. Primero fue La estrategia del pequinés, después El último milagro y esta semana Don de Lenguas. Una novela escrita a 4 manos. Es algo que no me acaba de entrar en la cabeza, cómo dos mentes, dos plumas, son capaces de juntarse y escribir algo tan redondo y tan bien escrito. ¿Dónde empieza la maestría de una y acaba la de la otra? Me quedo con curiosidad de descubrirlo.

Don de Lenguas es una novela negra con importantes tintes históricos. No se trata de una novela histórica, ojo. Pero la trama transcurre en 1952 en España y es inevitable que el entorno histórico pese mucho en la historia. Para colmo, la trama está protagonizada por dos mujeres. En un momento en el que a las mujeres podría prohibirles su marido que trabajasen, que estaba mal visto que viviesen solas o que ejercieran según qué empleos. Por lo tanto, las autoras han escogido a dos mujeres fuertes e independientes para su narración.

 

– […] Ella es la intelectual de la familia.
Esa palabra era peyorativa referida a una mujer. La recordaba incluso como insulto cuando en la escuela había mostrado su afición a la lectura. Tampoco era positiva en boca de su madre.

 

Por un lado, Ana Martí, una periodista de sociedad hija a su vez de un reconocido periodista. Este antecedente y la casualidad la pondrán al frente de la crónica de un asesinato de una conocida dama de la sociedad de Barcelona de la época. El hecho de que sea apenas una veinteañera influirá y mucho en las decisiones que toma y el ímpetu con que coge la investigación. Ve en este reportaje su oportunidad de ser una periodista de verdad y no piensa desaprovecharla.

 

La que lo esperaba tendría unos veinticinco años, tal vez alguno menos. […] Tenía las manos sobre el regazo, envueltas en la chaqueta negra como si fuera un manguito. Falda larga, medias oscuras y zapatos planos que no pudieron evitar que, al levantarse para saludarlo, lo superara en un par de centímetros. ‘Uno sesenta y nueve’ le concedió Isidro, no dispuesto a regalarle a ella los tres centímetros que lo separaban a él del metro setenta. No le gustaban las mujeres altas, más altas que él. Tampoco le gustaban las mujeres que se levantaban para saludar y daban la mano con fuerza como los hombres. Esa, encima, era guapa. Lo miraba expectante, con unos enormes ojos de color castaño claro como el pelo que llevaba recogido hacia atrás.

 

Por otro lado, Beatriz, una prima lejana experta en filología, con un pasado no muy afín al Régimen, y por lo tanto con los pies mucho más en la tierra que Ana. Busca la oportunidad de abandonar el país, porque no consigue trabajo como la profesora universitaria que debería ser.

 

Como digo, la historia arranca con el asesinato de Mariona Sobrerroca, una conocida viuda de la burguesía de Barcelona. Todo apunta a que se ha tratado de un robo y el inspector Isidro Castro parece tener las ideas muy claras a este respecto. Pero cuando Ana acude a cubrir la noticia y comienza a hacer preguntas incómodas, conseguirá abrir la mente de Castro para que vea detalles que anteriormente no había visto en el caso.

 

A pesar de ser Ana y Beatriz quienes llevarán el peso de la investigación en la historia, está claro que el papel de Castro es imprescindible. Ya no solo porque dos mujeres no podrían haber llevado a cabo esas investigaciones en la época por todos los impedimentos que se habrían encontrado, sino porque todo estaba bajo vigilancia en aquellos años. Una vecina cotilla, una pariente que no te tuviese mucho aprecio, un vigilante de un parque, un camarero curioso. Los ojos observando estaban por todas partes, las apariencias lo eran todo en aquellos años, y en cuanto te salías de la norma marcada, acababas teniendo problemas. Las acusaciones por rojo o por republicano eran peligrosas y había que pasarse la vida mirando hacia atrás para saber quién te estaba vigilando. Por lo tanto, el papel del policía en la historia es fundamental para que sea verosímil.

 

‘Verdad’ era una palabra que cada vez le parecía más imprecisa. Era siempre una firme candidata a ser manipulada. Cada régimen la deformaba a su conveniencia; este la usaba como si la hubiera creado a su medida.

 

La trama va en ascenso durante toda la novela. Las voces de las dos protagonistas son muy diferentes y están bien diferenciadas, con un tono más ingenuo cuando se trata de Ana, y con otro mucho más maduro cuando se trata de Beatriz. Quizá el arranque protagonizado por Ana pueda dar una sensación de narración más frívola, pero según avanzas te das cuenta que es completamente premeditado, con esa periodista que trata crónicas de sociedad.

 

Respecto a la ambientación me ha resultado exquisita. La novela está colmada de documentación en todos los aspectos que la componen. No te quedas con la sensación de leer una novela histórica, porque toda la información que te dan es ambientación nada más, sin grandes discursos en contra del Régimen ni convirtiéndose en un panfleto feminista. Todo forma parte de la narración, y aunque te sorprenda en más de una ocasión que estas cosas sucedían hace 60 años solamente, quedan dentro de lo anecdótico y lo complementario de la trama principal. Está realmente logrado que te lleves un buen reflejo de lo que fueron esos años en Barcelona, pero como un poso a la trama principal, sin empañar la historia que nos quiere contar.

 

Después de llevar un año en mi estantería, me decido a leerla justo cuando se publica la segunda entrega, El gran frío. Y de nuevo, escrita por ambas autoras. Habrá que leerla.

 

 

Título: Don de Lenguas.
Autor: Rosa Ribas y Sabine Hofmann
Editorial: Siruela
ISBN: 9788415803065
Páginas: 407
Precio: 19,95€