Nos saltamos la tercera entrega de Matt Scudder, In the Midst of Death, por no estar traducida al castellano y pasamos a la cuarta titulada Cuchillada en la oscuridad.

 

Simplemente contar que, aunque no la haya leído, la tercera entrega tiene buena pinta. El principal argumento versa sobre la corrupción policial, y ya solo por eso reconozco que me resulta atractivo. Para más información, podéis acudir a la web del autor, donde podréis “asustaros” con la inmensa cantidad de libros y series publicadas por el autor:

http://lawrenceblock.com/books/in-the-midst-of-death/

 

Tenemos de nuevo a Scudder en un caso, pero más complicado si cabe que los anteriores. Charles London perdió a su hija hace ya 9 años a manos de un asesino en serie, el “Asesino del piolet”. El asesino en cuestión ha sido detenido y ha confesado todos los asesinatos que se le atribuían a excepción del de Barbara, la hija de Charles London. Y revisando el caso parece ser que hay indicios que apuntan a que es cierto que no fue él quien llevó a cabo el asesinato, tanto por tener coartada como por un hecho muy significativo: las víctimas morían acuchilladas por un picahielo y todas ellas eran apuñaladas con dicho objeto en ambos ojos. Sin embargo a Barbara solo la apuñalaron en uno de ellos.

 

El señor London en un arranque de justicia quiere saber quién fue el verdadero asesino, que se haga justicia, que den con el culpable, porque no soporta la idea de que camine libremente por la ciudad sin pagar su deuda. Por ello contacta con Scudder y contrata sus servicios. Bueno, como ya he comentado en reseñas anteriores de esta serie, no es exactamente una contratación porque Scudder va por libre y no tiene licencia. Así que London simplemente le da una cierta cantidad de dinero para que Scudder husmee todo lo que pueda.

 

Es un caso complicado y más en la época en la que estamos. No olvidemos que está ambientada en la época en la que se escribió la novela (finales de los 70 – principios de los 80) y los métodos para obtener información no eran tan avanzados como hoy en día. Una parte importante de la historia es ésta, el modo de sacar información de debajo de las piedras. Como ex-policía no va a ciegas, sabe lo que se hace, sabe dónde buscar y dónde preguntar, pero resulta gracioso verle entrar en una biblioteca del barrio para buscar una guía telefónica y buscar así a la gente con la que quiere contactar. Una cabina telefónica y un puñado de monedas harán el resto.

 

El caso en sí arranca muy bien. Los interrogatorios, como viene siendo habitual, son brillantes. Sabe por dónde llevar a la gente, encontrar las espinas que tiene cada persona clavadas, dar con los asuntos importantes y enlazar a la gente a la que necesita investigar. En ese punto, la novela es impecable. Pero la resolución de la trama me resultó un tanto atropellada y no demasiado bien hilvanada. Es como si tuviera todas las piezas del puzle delante, las mirase y las remirase, y de golpe estuviera el puzle terminado sin haber pasado por el proceso de juntar las piezas. Es la única pega que le he encontrado a la novela.

 

Los puntos más fuertes del libro para mí han sido dos. En primer lugar el retrato que hace de la ciudad de Nueva York. Resulta fascinante recorrer las calles, coger los trenes y metros, recorrer los bares, conocer la ciudad de la mano de Scudder. La serie de Matt Scudder es una serie magnífica para enamorarse de Manhattan y anotarse rincones para ir a recorrerlos algún día:

 

“Lispenard es una manzana debajo de la calle Canal, lo cual la pone en la sección llamada Tribeca. Tribeca es una sigla geográfica por Triangle Below Canal, igual que Soho deriva de South of Houston. Hubo una temporada cuando los artistas empezaron a mudarse a las manzanas al sur de Village, viviendo en violación del código de viviendas en buhardillas espaciosas y baratas. Desde entonces, se ha modificado el código para permitir vivir en buhardillas residenciales y Soho se ha vuelto chic y caro, lo cual llevó a los buscadores de buhardillas más al sur hasta Tribeca. Ahora las rentas no son baratas allí tampoco, pero las calles todavía mantienen el aspecto abandonado que tenía Soho hace diez o doce años.”

 

En segundo lugar, el retrato que realiza del propio Scudder. En las novelas anteriores perfilaba al personaje, nos mostraba sus demonios y sus virtudes, lo fuerte que es y también lo frágil. Resulta muy empático ver que alguien tan aparentemente fuerte y con tanto talento para su trabajo se rompe como si fuese papel cuando alguno de sus demonios le atormentan. El tema del autoengaño con el alcohol también es sorprendente: está completamente convencido de que no es alcohólico, que puede dejarlo en cualquier momento, y sin embargo necesita tomar una copa cada mañana para acallar los temblores típicos de la ausencia del alcohol. Nos ayuda mucho a hacernos una idea de cómo es Scudder en realidad, pero más por alusiones indirectas que por hechos consumados.

 

“No encontré la botella de bourbon y entonces la hallé finalmente en la papelera. Evidentemente la había terminado antes de acostarme. Me preguntaba cuánto habría contenido.
No importaba. Ahora estaba vacía. […]
No me acordaba de cómo había vuelto al hotel. Exploré mi memoria con pies de plomo y no llegaba más lejos que el chico bajando la calle corriendo y doblando la esquina. […]
No quería repasar la noche anterior porque sabía que no me iba a gustar lo que vería. ¿Pero qué elección tenía?”

 

Aunque la novela ha tenido algunos contras para mi gusto, es cierto que los pros han sido muchos y buenos. Empiezo a entender la fama del personaje, que los fans de Scudder sean incondicionales suyos. He conectado más con su forma de ser, con los dolores que le atormentan. Me encanta ese sentido de la justicia que le hace seguir con los casos se oponga quien se oponga a ello. Es una característica que siempre me ha gustado en un buen detective, heredado en gran parte de mi gusto por los clásicos de la novela negra.

 

Vamos por buen camino, el personaje va creciendo y nosotros vamos conociéndole más.

 

*Una curiosidad: al menos en las novelas que llevo leídas de Scudder, no hay una descripción clara de su aspecto físico. También me llama la atención que en los 80 siga utilizando sombrero, un rasgo muy clásico de novela negra.

 

 

Título: Cuchillada en la oscuridad (A Stab in the Dark)
Autor: Lawrence Block.
Traductor: Jaime Cabezas.
Editorial: Júcar, Etiqueta Negra (1991)
Año de publicación: 1981.
ISBN: 9788433437280.
Páginas: 168
Precio: Descatalogado.