El apellido Cruz a Tomás no le ha dado más de quebraderos de cabeza y disgustos a lo largo de su vida. Lo único positivo relacionado con Cruz es su hermano pequeño Sebastián, pero ni quiera él es del todo trigo limpio. El padre toda su vida lo único que hizo fue hundirles en la ruina y la miseria, y parece ser que Sebastián sigue esos mismos pasos. Es cierto que tiene una mujer y una hija pequeña, pero en ocasiones todo lo que llevamos vivido nos hace volver a cometer los mismos errores en vez de aprender de ellos. Por ese mismo motivo, Tomás tampoco es un cúmulo de virtudes. Vive en soledad y a pesar de amar a su chica Alina termina apartándola de él una y otra vez. Nunca les han enseñado a amar, a llevar una vida que podría considerarse normal, y la sombra de su padre sigue siendo alargada aunque los años pasen.

 

Un buen día Sebastián termina entre rejas, y le pide a Tomás el favor de su vida: debe esperar una llamada y seguir una serie de instrucciones. Sebastián está encarcelado y no puede cumplir el encargo. Si Tomás no acepta el trato la familia de su hermano correrá grave peligro. Y lo que en un principio parece ser que va a ser un traslado de droga de un punto a otro se complicará hasta un punto que nuestro protagonista no habría imaginado ni en sus peores pesadillas.

 

Tomás nos conducirá a los bajos fondos del narcotráfico y la trata de blancas. No hay situación, persona o legislación que les paren los pies, y la gente con la que debe relacionarse demuestra desde el primer momento que está dispuesta a apostarlo todo pero siempre para conseguirlo todo, cueste lo que cueste. Para ello juegan con la baza ganadora de la amenaza constante a personas cercanas e inocentes, y de ese modo logran que todos comentan los actos más rastreros. La lealtad, así, será uno de los temas principales de la novela y el motor que moverá en todo momento a Tomás a llegar cada vez un poco más lejos.

“Mi viejo nunca nos puso una mano encima.

Ni siquiera para acariciarnos.”

La violencia explícita resulta en algunos momentos excesiva, pero sin embargo creo que está perfectamente justificada. El entorno, las situaciones, la ambientación, el lenguaje, el tipo de personajes involucrados, hacen que esta violencia tan cruda no nos saque de la narración en los momentos más duros. Resulta coherente con la ambientación de la novela y con lo que el lector imagina que es un narcotraficante. Esto, conectado a las reflexiones constantes de cuánto pesa la sangre, el apellido, el linaje, convierten a esta obra en un ejercicio de reflexión acerca de cómo muchas veces no importa las decisiones que tomes porque la herencia será la que marque siempre nuestro camino.

 

Aunque para los lectores españoles los diálogos puedan resultar un poco confusos por no comprender al 100% todo el vocabulario, es cierto que gracias al tono logrado en ellos, la repetición de algunas expresiones y la construcción de las personalidades a través de sus voces, no será necesario recurrir a ningún tipo de diccionario ni tratar de entender palabra por palabra lo que se dice. Yo suelo ser especialmente torpe con estas cosas, y reconozco que Ferraro ha conseguido una agilidad en el texto brutal, gracias a la acción por un lado y gracias a esas conversaciones que os comento por otro, así que no temáis perderos con los vocablos menos conocido a este lado del charco.

 

Resumiendo, Cruz es una magnífica novela negra con una acción muy elevada pero con mucho fondo también para hacer reflexionar al lector. Uno comienza leyendo una novela de entretenimiento y a las pocas páginas se ve subrayando frases que consiguen hacerte pensar. La trama es magnífica, muy medida y con los giros perfectamente estudiados. Y con un golpe de efecto final que es el broche perfecto a una novela dura y descarnada.

 

Título: Cruz.
Autor: Nicolás Ferraro.
Editorial: Ediciones Revólver (2017).
ISBN:9789874626042.
Páginas: 236.
Precio: 18€.