Celda-número-8-de-Roslund-y-Helstrom

Solo aquellos condenados a morir en un minuto exacto pueden comprender lo espantoso de la situación.
Lo que hace que la muerte sea medianamente soportable para los demás es la incertidumbre, el no tener que pensar en ella, puesto que no se sabe cuándo llegará.
Pero él lo sabe.
Sabe que cesará de existir dentro de siete meses, dos semanas, un día, veintitrés horas y cuarenta y siete minutos.
Con exactitud.

 

Mientras leía Celda número 8 me he dado cuenta de una cosa: hacía mucho, mucho que no leía a un autor sueco de novela negra. Mi cabreo con la trilogía Millenium fue desproporcionado, lo sé. Pero en su momento no podía dar crédito a que todo el mundo dijera que eran las mejores novelas negras del momento, y yo no les veía más que fallos por todas partes. Y por culpa de Larsson todo lo que sonaba a nórdico, y especialmente a sueco me hacía huir (si alegáis a mi pasión por Nesbo en mi defensa diré que no se parece a ningún otro nórdico que haya leído antes).

 

Pero no podía desterrar a los suecos eternamente de mi vida. Y es que el argumento de esta novela me llamaba poderosamente la atención. En uno de los transbordadores nocturnos que surcan el Báltico, un cantante que ameniza el viaje pierde los papeles y patea a uno de los hombres que viajaban en ese barco. Cuando la policía consigue dar con él y arrestarle, corroborando los datos de su pasaporte, descubren que están ante un hombre muerto.

 

La persistencia del comisario Ewert Grens hará que no quede ahí la cosa y que no ceje en su empeño hasta que logre dar con la auténtica identidad de ese hombre. Parece ser que se encuentran ante un hombre que murió de un paro cardiaco en el corredor de la muerte 6 años antes en una prisión estadounidense, a pocas semanas de su programada ejecución. Y empiezan a surgir decenas de preguntas. ¿Cómo ha llegado hasta Suecia? ¿Cómo consiguió escapar de una prisión de máxima seguridad? ¿Cómo fingió su propia muerte? ¿Era culpable del asesinato por el que le condenaron?

 

He de advertir que me he leído esta novela en un día y medio más o menos y eso a veces influye en el criterio que se tiene sobre el conjunto de una novela. La primera mitad transcurre reposada, pausada, para mi gusto quizá demasiado, de ahí que haya rehuído durante tanto tiempo las novelas nórdicas. No es tanto que la acción transcurra lenta como que te cuenten las cosas alargando la trama. Y es algo que me exaspera. De ahí que el haberla leído en tan poco tiempo haya influido muy positivamente en la visión que tengo de la novela. Si hubiera estado varios días con esa trama tan reposada me habría costado mucho más seguir el ritmo de la novela.

 

A partir de la mitad más o menos, la sucesión de acontecimientos sube, aunque la trama no sea vertiginosa sí que suceden más cosas, sí que mantiene más el interés, y la intriga aumenta considerablemente. La calma continúa, es una tónica general durante la novela, pero es una calma tensa, aportando intriga y tensión.

 

Aunque ésta es una novela que pertenece a una serie, del comisario Ewert Grens, me he decidido a leerla sin haber leído las anteriores. Y he de decir que no influye para nada, que es perfectamente comprensible de modo individual. El personaje de Grens es poderoso, pero no es lo más importante de la trama, le da más peso a el juicio que se hace de la pena de muerte. Creo que está tratado de un modo brillante, con el punto de vista del condenado, contando los días que le quedan de vida, encerrado entre cuatro paredes, sin poder evitar su destino pero tampoco acelerarlo. Por supuesto, también se aborda la cuestión moral de si es correcto o no vengar una muerte con otra muerte, si es legítimo que alguien decida el destino de la vida de otra persona, especialmente cuando se condena a esa persona por el mismo motivo, por acabar con la vida de otro ser humano. Creo que el tema está tratado con mucho respeto, y me ha sorprendido que no hayan alegado sentimientos religiosos en prácticamente todo el libro, tan solo han alegado al sentimiento de humanidad.

 

– ¿Quién decide que hay que matarlo? Tiene que haber alguien que decida, ¿verdad?
– Un jurado. Y un juez. Ya sabes, en un juicio, como los que has visto en la tele.
– ¿Un jurado?
– Sí.
– ¿Y un juez?
– Sí.
– ¿Son personas?
– Sí, son personas. Gente corriente.
– ¿Y a ellos quién los mata?
– A ellos no los mata nadie.
– Pero si deciden que hay que matar a una persona, entonces son personas que matan a otras personas. Y entonces hay que matarlos. ¿Y a ellos no los mata nadie, papá? No lo entiendo.

 

No todo podían ser cosas positivas, y es que le he encontrado dos fallos argumentales que desde mi punto de vista han empañado un poco la trama de la novela. Uno al principio y otro al final. Y fallos que he considerado importantes. Pero a pesar de ellos, he de reconocer que he disfrutado mucho la novela, que me ha tenido en vilo durante páginas y que en algunos puntos he leído con un nudo en la garganta.

 

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Anders Roslund & Börge Hellström

 

Como dato curioso, por si como yo lo desconocíais, es que Anders Roslund es un conocido periodista en Suecia y Börge Hellström un ex-convicto. Ambos se conocieron en un programa que hizo Roslund sobre la reinserción social de delincuentes, y gracias a su afinidad literaria comenzaron a trabajar juntos.

 

Celda número 8 es la tercera entrega de la serie del comisario Ewert Grens. Antes que ésta escribieron La bestia (2004), editada en español en 2007 por Planeta, y Estocolmo, estación central (2005) editada en español en 2009 por Emece. Curiosamente, RBA recuperó a esta pareja de autores en 2012 con la publicación de Tres segundos (2009), quinta novela de la serie. Buscando opiniones sobre estas otras 3 novelas traducidas parece ser que son mejores que Celda número 8. La buena noticia es que solo puede ir a mejor. La mala, que son libros no tan fáciles de localizar, en especial el primero de ellos.

 

 

Título: Celda número 8.
Autor: Anders Roslund & Börge Hellström.
Editorial: RBA (Serie Negra)
ISBN: 9788490560976
Páginas: 464
Precio: 19€