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Tengo comprobado que cuando un cómic o novela gráfica de un autor me gusta, suelo repetir. Creo que la genialidad de contar historias visuales tiene una cierta magia que no todos los dibujantes son capaces de crear. Hace muchos meses ya que leí Dublinés y me encantó. Trataba de aquella de la vida de James Joyce, y me acercó un poco más a las excentricidades de ese hombre.

 

En esta ocasión he leído Café Budapest a ojos cerrados, solo por el autor. Y es curioso que hace poco haya leído Crónicas de Jerusalén porque tiene mucho que ver la historia. Nos trasladamos de Budapest a Jerusalén con Yechezkel y su madre. Ella está enferma y Yechezkel está dispuesto a ayudarla como sea. Para ello, pide ayuda a su tío Yosef, que tiene un café en Jerusalén llamado Café Budapest. Estamos en 1947 y Yechezkel y su madre son judíos. Ella estuvo en un campo de concentración, donde perdió a su marido.

 

Con un tono muy jovial nos van descubriendo las calles y las gentes de la ciudad. Todos son vecinos y hermanos, y la diferencia de religiones en la mayoría de los casos no supone ningún problema para ellos: toman café juntos, charlan y juegan a las cartas, hacen negocios unos con otros sin importar el color de su piel y las ideas religiosas de cada uno.

 

Pero en 1948 se produjo la famosa Batalla por Jerusalén. La ciudad estaba bajo el control y la administración británica. La ciudad había sufrido una tremenda llegada de población judía debido a la Segunda Guerra Mundial. Debido a esta gran crecida de judíos en la ciudad, la tensión crecía y se estableció un estricto control de la entrada de inmigrantes judíos. La población árabe palestina cada vez estaba más crispada, tanto por la llegada masiva de judíos como por el control británico. Y todo estalla con la aprobación del Plan de la ONU para la partición de Palestina: propusieron dividir la parte occidental en dos estados, unos judío y otro árabe, con una zona de control internacional. La propuesta no fue bien aceptada y esto desencadenó en una guerra entre árabes y judíos con conflictos que llegan hasta la actualidad.

 

En la primera parte nos muestra la Jerusalén ideal, aquella que incluso existió, en la que los vecinos eran más que vecinos y se compartían las experiencias, la vida. Hay una frase que resumen a la perfección todo el espíritu de lo que nos quiere contar: “Así de absurda es esta guerra: extranjeros que vienen a morir por la tierra de los judíos y judíos que abandonan su tierra para huir de la guerra” Esto resume, en resumen, cualquier guerra.

 

Tanto la historia como los personajes destilan ese amor por la gente, por la amistad, por la buena vida. Capta a la perfección ese encanto de los cafés donde tenemos algo más que camareros, donde sabes que puedes ir a tomarte un café una tarde torcida porque sabes que encontrarás alguien con quien compartir el café y una buena charla, donde no hace falta que sepan tu vida para saber cómo te gusta el café o la cerveza, y que siempre te lo acompañan de alguna galleta o de unas aceitunas. Da igual dónde esté situado el café, el trasfondo es la amistad y el compañerismo.

 

Como veis, me ha encantado. Destila un cariño que se te contagia, y que a pesar de todo no se termina de empañar con los horrores posteriores de la guerra. Seguiré buscando más cosas de este autor porque me ha encandilado.

 

Título: Café Budapest
Autor: Alfonso Zapico
Editorial: Astiberri
ISBN: 9788496815629
Páginas: 168
Precio: 16€
(Ficha del libro en Astiberri: http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=cafebudapest)