Aquí estoy por segundo año. Ayer por la mañana aterricé en Barcelona después de despegar de un León cubierto de nieve. Dejaba atrás el frío de mi ciudad para reencontrarme con el Mediterráneo y con el sol. Por desgracia, de momento el sol brilla por su ausencia, pero al menos la temperatura es mucho más agradable (por mucho que traten de convencerme de que hace mucho frío). Parada en el hotel, un café con medio bocata de jamón, y quedada con amigos para comer. No nos podíamos entretener mucho porque a las temerarias 16:00 de la tarde comienzan las jornadas. Lo de temerarias va porque con el cambio de ubicación de este año a un lugar con butacas y calefacción invita a la siesta. Eso sí, todo un acierto la elección del espacio y sobre todo la decoración.

La primera mesa que nos topamos fue “La primera huella“. El tema que se trataba era esa primera huella quedejan los autores: su primera novela. En la mesa teníamos a David Llorente, autor de Te quiero porque me das de comer, a Pere Cervantes, autor de No nos dejan ser niños, a Carmen Moreno, autora de Una última cuestión, y a Albert Pijuan, autor de El franctirador (publicada solo en catalán). A la batuta, Nacho Cabana.

 

 

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Aparte de tratar el atractivo del personaje del psicópata en sus novelas, un personaje depravado escondido dentro de una persona aparentemente normal que vive en sociedad, se planteó la interesante cuestión de que todos los autores de la mesa habían localizado sus novelas en lugares diferentes de los que las escribieron.

 

Carmen Moreno es gaditana y ubicó su novela en Madrid. Es cierto que es de Cádiz y vive allí actualmente, pero pasó muchos años en Madrid y eso le hizo empaparse de la forma de vivir y de pensar de la capital. Pero sobre todo escogió Madrid porque lo que ella cuenta no podría pasar en Cádiz: en Cádiz un crimen se resuelve en unas horas porque todo el mundo cuenta todo. Pere Cervantes localizó su novela en Menorca entre otras cosas para situarla en un sitio nuevo para la novela negra, un lugar que no estuviese copado como Madrid y Barcelona. Además descubrió un dato interesante, y es que el índice de suicidios de Menorca es el más alto del país por media de habitante. En el caso de David Llorente, todo surgió de una revista que le solicitó un cuento sobre España y decidió escribirlo sobre su barrio, sobre Carabanchel. Ahí se dio cuenta de que tenía material más que de sobra para escribir una novela.

 

Otro de los puntos en los que las novelas de los ponentes son similares es en la importancia que se da al diálogo y la forma de expresarse de los personajes. En el caso de Llorente la fórmula escogida es original, pero que otorga un carácter a la novela muy especial: una narración neutra que hace que sea el propio lector el que le dote de personalidad. En el caso de Carmen Moreno comentaba que para ella los diálogos son fundamentales, que no necesita de largas descripciones para introducir una escena, pero que sí que necesitaba que los personajes se describiesen a sí mismos a través del lenguaje. En el caso de Pere Cervantes su mayor obsesión era el tema procedimental, que todos los procedimientos policiales que se plasman en la novela fueran verídicos, quizá por deformación profesional.

 

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La segunda mesa de la tarde llevaba el título de “Nuevas geografías criminales” y podíamos enlazarlo un poco con la decisión de Pere Cervantes de localizar su novela en Menorca, descentralizando las novelas a provincias. Participaban en la mesa Nieves Abarca y Vicente Garrido, autores de El hombre de la máscara de espejos, William C. Gordon, autor entre otras de Las esferas del poder, Zygmunt Miloszewski, autor de El caso Telak. Moderaba Pilar Argudo.

 

Se abordó, como el nombre de la mesa indica, el cambio de escenarios negrocriminales en las novelas, ubicándolas cada vez más en lugares de provincias. Nieves Abarca y Vicente Garrido lo tenían claro: la primera decisión que tomaron fue que sus novelas no se ambientarían ni en Madrid ni en Barcelona. Nieves veía Coruña como un sitio fabuloso para cometer un crimen y de hecho recorrió la ciudad en busca de rincones donde ambientar su novela. Según Vicente, hasta que no se mudó a provincias, la novela negra era muy urbana y surgía como la alienación del ser humano dentro del anonimato del contexto urbano. En el caso de William C. Gordon, el tema de la ubicación era tan importante para él que San Francisco es un personaje más. A Zygmunt Miloszewski le ocurre que sus paisanos consideran su novela como negra, pero desde fuera de sus fronteras es casi más apreciada como un retrato de la sociedad polaca del momento.

 

Todos ellos estaban de acuerdo en que al localizar los asesinatos en lugares apartados de las geografías habituales ayuda al lector a que comprenda que estos asesinatos puedan ocurrir fuera de las grandes ciudades. Al fin y al cabo lo importante en las novelas de todos ellos es plasmar la condición humana, lo ambientes donde lo ambientes.

 

Acerca de los asesinos de sus libros, Miloszewski comentaba que nadie se despierta un día siendo un asesino, que hay un proceso de cambio, un momento en el que te sucede algo que te lleva a esa condición, y ese proceso es el que le interesa. Gordon puntualizaba que no se puede pintar en las novelas a un personaje que sea 100% malo porque no es creíble, y que precisamente en ese balance entre maldad y humanidad es donde radica el atractivo del personaje. Abarca sí que cree que existen malos muy malos en el mundo, pero que literariamente es necesario aportarles un rasgo de humanidad para que sean creíbles. Garrido opina que los asesinos tratan de justificarse, pensando que realmente era necesario hacer lo que han hecho, que ellos tenían sus motivos. Es un modo de salvar la propia autoestima.

 

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Continuamos con la mesa “¡Que viva Darwin! La evolución del personaje en la novela negrocriminal“. Moderada por Rosa Ribas, teníamos a Toni Hill, autor de Los amantes de Hiroshima, Jaume Ribera y Andreu Martín, los padres literarios de Flanagan y Lorenzo Silva, creador de la serie de Belilacqua y Chamorro.

 

Rosa les planteó la cuestión de cómo comienza la gestión del personaje, cómo se crea, cuándo sabes que tiene la entidad para ser un protagonista. Lorenzo comentaba que Belilacqua nació cuando él hizo la mili. No buscaba crear una serie, era una novela experimental y no funcionó. Se la rechazaron y quedó en el cajón hasta que ganó el Premio Nadal. De la editorial le reclamaron más material y entregó El lejano país de los estanques. En el caso de Andreu y Jaume cuando crearon a Flanagan no estaban buscando un personaje para una serie de novelas. Se reunían para comer y para hablar y se les ocurrió la idea de hacer una novela juvenil parodia de las novelas de detectives, más negra que enigma. La siguiente que crearon no fue de Flanagan y el editor les pidió que siguieran con el personaje. Para Toni, Hector Salgado nació argentino en su mente. Él no estaba pensando en crear una serie, eso lo vas descubriendo más adelante, y a tus personajes también les vas dando más carácter a partir de la segunda novela.

 

Acerca de los nombres dados a los personajes, a Lorenzo le dio la idea un jefe que tuvo llamado Rubén Montefalcone. Le hacía gracia crear un personaje que ya con su nombre transmitiese un mensaje. Andreu y Jaume no saben muy bien de dónde sale el nombre de Flanagan, surge de un modo espontáneo. Lo buscaron más como un mote, una forma de que no le llamasen inspector “tal”, sino un nombre más sonoro. Para Toni el tema del nombre es muy importante porque hasta que el personaje no tiene nombre no tiene entidad para él, es como que no existe.

 

Sobre sus relaciones con los personajes, en general tienen una buena relación. En ocasiones sí que sienten ganas de escribir sobre otros personajes, oxigenarse un poco, pero la relación es buena. Lo que sí tienen claro, como apuntaba Lorenzo, es que son creación tuya y por lo tanto no puedes pedirles que hagan algo que no pueden hacer, tú los has definido y no puedes ser incoherente.

 

A continuación hubo un breve encuentro con Beatriz de Moura, editora de Tusquets de las obras de Mankell en castellano. Hablaron de cómo llegó ella a las obras de Mankell y de la evolución de autor estos años, el primer sueco de novela negra publicado en España.

 

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Para cerrar el día, una mesa sobre espionaje: “Los hipócritas. Espías, infiltrados, traidores y agentes dobles o triples.” Dirigidos por Jordi Bordas, participaron José Luis Caballero, autor de La ciudad silenciosa, Antonio Manzanera, autor entre otros de La tercera versión y Fernando Rueda, autor entre otros de El regreso de el Lobo.

 

Como bien arrancaron la mesa, es fundamental que un espía sea un hipócrita, si no mal futuro va a llevar como espía. En sus novelas, los personajes que aparecen son personajes reales, históricos, pero todo ello deber cubrirse con una pátina de ficción. Por ejemplo, Fernando Rueda comentaba que había dudado a la hora de publicar el nombre real del espía en que se basó su novela. Dentro de los espías, hay dos tipos, el analista y la agente de campo. Si eres agente de campo por supuesto que debes ocultar esa información, como mucho puedes contárselo a tu mujer. De hecho Fernando le envió la novela a Mikel Lejarza y este comentó que mejor que no le dijese nada a su mujer hasta que saliese publicada, porque por lo visto su mujer actual había muchas cosas suyas que desconocía.

 

Comentaban que no se trata bien a los servicios de inteligencia en las novelas, pero eso es debido a que los fracasos siempre son más sonados que las victorias. En muchas ocasiones incluso, no llega a saberse toda la verdad de un caso, solamente si son muchos implicados los que cuentan su versión y de este modo pueden casarse las piezas. Los servicios de inteligencia son eficaces, pero sí que tienen momentos chapuceros en su historia.

 

Fernando Rueda, en contraposición de la opinión de Caballero, reivindicaba el tema de los homenajes y reconocimientos de los espías, ya que son personas que se han jugado la vida por su país en decenas de momentos para que queden relegados en el olvido.

 

Acabadas las mesas, llegó la hora de cenar y de tomar una copa con los amigos. A algunos tratamos de despistarlos dándoles una dirección falsa y enviándoles a la otra punta de la ciudad. Pero finalmente dieron con nosotros. Debemos ser más astutos la próxima vez…