Aprovecho la media horita de wifi gratis que me da el Aeropuerto de Barcelona para hacer un breve resumen del día de ayer, mientras suenan de fondo clásicos de los años cincuenta. Así da gusto.

 

Ayer desde primera hora quedé para desayunar con un lugareño de tierras catalanas, pero que es ya más navarro que catalán. Sí, estoy hablando del director de Pamplona Negra Carlos Bassas, que llegó al fin de fiesta para comprobar con sus propios ojos el tinglado que se monta en la Barceloneta para la firma de libros del sábado. Y seguro que para robar ideas también. Pero antes de irnos a la firma de libros pasamos por la última mesa. Que de mesa tuvo poco. No estuvo mal, pero me parece un desperdicio juntar en una mesa a gente como Biedma y Luján y que lo único que hagan sea presentar sus libros en modo “yo he venido aquí a hablar de mi libro”. Podría haberse sacado más jugo, y había público más que de sobra para hacer algo interesante de cara a ellos. Bajo el título de “La cosecha en castellano” juntaron al debutante Santiago Álvarez, la actriz Cristina Higueras que también se ha sumando al carro de escribir una novela, al gran Marcelo Luján, a Félix G. Modroño y a Juan Ramón Biedma. Básicamente, como comentaba, presentaron sus novelas y abordaron los puntos de partida que les habían llevado a escribirlas. Una mesa correcta pero con poca miga.

 

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De ahí nos fuimos todos a Negra y Criminal a buscar joyas literarias entre sus estanterías y hacer colas interminables para pagar. Lástima que este viaje lo haya hecho en avión y el miedo al sobrepeso en la maleta me intimidaba, porque habría sacado mi lista de libros pendientes de comprar y me habría puesto morada.

 

Lo mejor de este momento, encontrarte con todos aquellos que has ido viendo de forma intermitente durante la semana, charlar con unos y con otros durante unos minutos porque todo el mundo va corriendo a todas partes y no da tiempo de más. Foto por aquí con unos, brindis por allá con otros. Siempre tengo la duda de si todo el mundo será legal y realmente los libros que se llevan los pagan. Quiero pensar que sí.

 

Impresionante entrar en la pequeñísima Negra y Criminal y darte de bruces con una Sue Grafton aburrida esperando por libros para firmar. Menos mal que un amable periodista le dio conversación un rato y al momento tenía la pila de libros que merece y no paraba de dedicar entre sonrisas y guiños a sus lectores.

 

He de reconocer que a pesar de las aglomeraciones y el barullo es un placer encontrarte con un editor por aquí, con un escritor por allá, presentar aquellos que aún no se habían puesto cara, poner cara a los maridos o padres de algunos autores, dando al momento ese encanto de ser una reunión casi familiar.

 

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La comida también fue multitudinaria, con organizadores de semanas negras, editores, escritores… Un poco de cada casa. Y la tarde, uno de esos momentos mágicos de descubrimiento de rincones colmados de encanto, recorriendo calles poco transitadas y escuchando una historia tras otra de la mano de un apasionado barcelonés.

 

Ha sido una semana de locura. Llegué a la ciudad condal con un tremendo cansancio arrastrado. He dormido poco, he descansado menos, he trasnochado, me he reído, he conversado y hasta me llevo de regalo un gripazo de espanto. Pero como siempre, ha merecido la pena. Gracias a todos los que habéis contribuido a ello por hacerlo posible. Hasta el año que viene.