Aqui-y-ahora-leersinprisa

Siempre llego tarde a todos los autores y a todos los libros. Lo tengo asumido. Llevo meses, años ya, oyendo hablar de Jim Thompson, harta casi ya de que todos me desgranen las maravillas de su narrativa, de sus tramas, de sus personajes. Y por algún motivo, no acababa de decidirme a leerle. La excusa me la ha dado Arte Salvaje, la biografía de la que os he hablado millones de veces ya. A la par que la biografía, estoy intentando hacer un hueco a sus novelas, y ha sido la forma por la que ha llegado a mi vida.

 

Aquí y ahora no es una novela negra, ni una novela policíaca, ni de detectives. Que no os despiste que lo haya editado RBA dentro de su colección de Serie Negra. Es más bien una autobiografía, una especie de diario personal, en el que Thompson desnudó su alma. Eso sí, nosotros sabemos que es una autobiografía, pero cambia el nombre del protagonista para que sea todo más sutil.

 

Desde mi punto de vista, dos son los puntos fuertes del libro. El primero, descubrir las frustraciones y sufrimientos de Thompson para poder escribir. La falta de un sitio donde hacerlo era uno de los problemas: vivía en una jaula de grillos, con niños, familia y ruido por doquier. No conseguía sacar tiempo para hacerlo en condiciones, se veía constantemente interrumpido, y la presión por parte de su familia no ayudaba. Es cierto que la fe de los suyos en su talento era ciega, pero eso le aportaba una presión extra a la que él mismo se imponía.

 

– ¿Qué te parecería si alquilase una máquina de escribir y…?
– Por favor, mamá. Ni se te ocurra.
– Jimmie, ¿te has parado a pensar que igual te angustias en exceso? ¿No te parece que si lo intentaras en serio, podrías…?
Me eché a reír.
– Eso mismo – repliqué -. Ahora el problema será que no lo he intentado lo suficiente. Pues claro. El lunes me consigues una máquina de escribir, y esa misma noche me pongo a escribir otra vez.

 

Unido a este punto destacado del libro, el otro es el conocer el día a día con su familia. Las preocupaciones monetarias eran constantes, cada dólar era medido y aprovechado al máximo. Eran muchos en casa y los ingresos eran muy escasos. No olvidemos que estamos en los años 40, los años finales de la Gran Depresión.

 

Pensé en papá. Qué demonios íbamos a hacer. Pensé en Roberta y en mamá. En los niños que estaban en edad de crecer. Que estaban creciendo rodeados de confusión, de odios cruzados, de demencia, para decirlo en una palabra. Mientras meditaba, el estómago se me encogió hasta convertirse en una pelota minúscula y las tripas se me enroscaron a los pulmones; de repente lo vi todo negro.

 

Ese sentimiento de preocupación constante por el dinero, por saber si podrán comer mañana, por saber si podrán asumir los gastos, ocuparse de sus hijos, está plasmado de un modo brillante. Es una constante en las páginas del libro. Cuando cada paso de tu vida va enfocado a poder sobrevivir (ese verbo que se parece tanto a vivir pero que tiene connotaciones tan opuestas), tu existencia es una constante agonía.

 

Hay un par de momentos en el libro que me han calado hondo. El primero de ellos es el capítulo 18, en su totalidad, con cada punto y cada coma. Es simplemente sublime, uno de los mejores textos que he leído nunca. Sé que será uno de esos capítulos que voy a releer decenas de veces porque es soberbio.

 

El segundo es la historia de la hija del protagonista, Shannon. Es una historia que me ha calado hasta los huesos y me ha tenido con un nudo en la garganta cada vez que era citada. Es la historia de una niña no deseada, de una hija de la que intentaron deshacerse por todos los medios antes del parto, pero que luchó con uñas y dientes por sobrevivir. Una niña solitaria por obligación, abandonada en su propio hogar y forjadora de su propio destino.

 

Todos nos echamos a llorar. Incluso Jo y Mack. Todos estábamos pensando en lo mismo. En una niña pequeña de cuatro años que se había pasado cuatro horas encerrada en aquel armario sombrío. Una niña pequeña no deseada por sus padres, y que – ahora lo comprendo – era bien consciente de ello, una niña desesperada por llamar la atención, por hacerse con nuestro cariño, que echaba mano a un recurso que hasta entonces siempre había despreciado: el recurso de mostrarse hermosa. Pensé en su espíritu fiero, en cómo se había valido del instinto de supervivencia para afrontar nuestra indiferencia y nuestro descuido. Las pataletas a que recurría para que le compráramos un vestido nuevo o una chaqueta que abrigara de verdad; su rapidez a la hora de agredir antes de ser agredida; su terca obstinación en comer lo que quería (y lo que su organismo demandaba). Y también su insomnio, su incapacidad para pegar ojo por las noches, el miedo a que la atacarán durante el sueño.
Y pensé en cómo, durante los cuatro años que llevaba con nosotros, debía de haber llorado en el fondo de su corazón, incluso cuando chillaba y se enzarzaba en peleas; en la soledad que solo ella conocía; en su miedo y su terror.

Una novela extraña, que no es una novela en sí, que tampoco es una autobiografía, ni un ensayo. Un libro magnífico, con momentos más brillantes que otros, pero fundamental para conocer un poco más al autor. Un libro colmado de tristeza y melancolía, pero también de capacidad de lucha y fuerza. Todo un regalo para los sentidos.

 

 

Título: Aquí y ahora.
Autor: Jim Thompson.
Editorial: RBA (Serie Negra)
ISBN: 9788490064634
Páginas: 292
Precio: 18€ (adquirido por 12€ de 2ª mano)