Sé que me meto en un jardín de tamaño abismal con esta reseña: como os he dicho en múltiples ocasiones, soy lectora ocasional de ciencia ficción y fantasía. Por lo tanto mi juicio es nulo en estos temas. Sí, así de radical. Es nulo porque no tengo referentes y no tengo con qué sustentar mis opiniones, pero Ad Astra es uno de esos libros que tenía que traer al blog para darlo a conocer a aquellos que no lo conozcáis aún. Vamos por partes.

 

Punto número 1: la lectura de este libro se ha visto subyugada a la Ley de Murphy. Tras semanas esperando el nuevo libro de la brillante editorial digital Fata Libelli (y no exagero), tengo tanto mono de leer algo editado por ellas que no me aguanto y empiezo a leer Ad Astra. Dos días después (sí, dos) los subscriptores tenemos disponible “Ominosus, una recopilación lovecraftiana”. A pesar de mis deseos de lanzarme a leerlo cuando antes, prosigo mi lectura de Ad Astra hasta el final.

 

Punto número 2: la fama de Manuel de los Reyes como traductor le precede. En este caso la elección por parte de las editoras no ha podido ser mejor. A pesar de lo que nos comenta en la introducción del libro el propio Manuel, creo que es un libro difícil de traducir, con una ideas y un lenguaje en el que tienes que imbuirte para no meter la pata. Y su trabajo no puede ser mejor. Es una de esas traducciones que no solo no cruje por ninguna parte, sino que es tan fluida que creo que nos echa un cable a los lectores. Don Manuel, mi más sincera enhorabuena. Gracias por tu trabajo.

 

Y ahora cómo os explico yo lo que es Ad Astra. Ad Astra no es un libro de relatos, son 5 universos unidos en un ebook. Porque aunque de uno a otro relato se pueden apreciar rasgos comunes, una narrativa similar, unos conceptos parecidos, cada uno de ellos es un mundo diferente en el que adentrarte y disfrutar. Para los no versados en la literatura de ciencia ficción ya os digo que no es un libro especialmente fácil de leer. No quiero asustaros, no es difícil, pero el tipo de conceptos que aborda no son tan sencillos como pueda resultar en otros libros del género. O al menos esa ha sido mi sensación. Simplemente es necesario liberar la mente, relajarse, centrarse en lo que estás leyendo, y dejarse llevar.

 

Como os comentaba el libro está compuesto por 5 relatos, de los cuales si tuviera que escoger uno me quedaría con La Isla. Todos ellos me han gustado, quizá el último un poco menos, pero el que me ha dejado con la boca abierta ha sido este. Voy a contaros un poquito de cada uno, si soy capaz:

 

Malak: La historia está narrada por Azrael, un dron dotado de inteligencia artificial. Una inteligencia muy desarrollada y con una gran habilidad para la solución de problemas. Su trabajo es de carácter militar, y todo va sobre ruedas hasta que descubre que de quien recibe órdenes le está engañando. Un relato brillante donde la lectura entre líneas acerca de la guerra y términos como “daños colaterales” debería levantar más de una ampolla.

 

El álgebra es implacablemente franco: toda anulación de la cancelación de un ataque sobre los verdes equivale a un ataque sobre los no combatientes.

 

Un nicho: Tenemos a dos mujeres protagonistas, Clarke y Ballard (ojo con los nombres escogidos), escogidas para una misión de carácter submarino. Su trabajo consiste en supervisar una maquinaria encargada de obtener energía. La gracia del relato consiste en la relación de las dos mujeres y el descubrimiento mutuo de sus trastornos y toques de locura. Y es que hay que estar un poco loco para según qué misiones de carácter militar o científico. Quizá lo que más me ha fascinado han sido los recursos de los que disponen dichas mujeres para salir al exterior.

 

Sentir las máquinas al acecho en el lugar que antes ocupaba su pulmón izquierdo requiere un esfuerzo consciente. Está tan aclimatada al dolor crónico de su pecho, a la sutil inercia del plástico y el metal que acompaña sus movimientos, que ya apenas si le presta atención.

 

La isla: Este es el relato que más me ha fascinado con diferencia. Una nave, una tripulación muy pequeña y un “chimpancé” a su dirección. Chimp no es más que un recurso para nombrar a la inteligencia artificial de la nave. La función de la expedición es la de construir portales, lugares por donde vayan a pasar sucesivas expediciones. Los tripulantes se pasan la vida en una vigilia que les alarga la existencia y sólo despiertan para supervisar los lugares escogidos para la construcción de los portales. Un buen día, la nave detecta unas señales aparentemente inteligentes, procedentes de una estrella. ¿Qué tipo de estrella emite señales interpretables? ¿Qué quiere decirles? El problema no sólo es ese, es que se encuentra justo en la trayectoria escogida para la creación de un portal.

 

– De modo que hay una membrana de… de tejido vivo alrededor de esa estrella – digo, intentando aún asimilar ese concepto -. Un… un globo de carne. Alrededor de toda la puñetera estrella.

 

Las cosas: Simplificando mucho, un alienigena aterriza en nuestro planeta y va cambiando de formas. Evidentemente, el relato es mucho más que eso, con implicaciones filosóficas e incluso religiosas de fondo. Pero me ha resultado uno de los relatos más complicados de seguir debido a todos los cambios que se producen en la trama, y temo contaros cosas que no proceden o que no son ciertas. Eso sí, ha sido el relato en que más frases geniales he subrayado.

 

A mayor capacidad de cambio, mayor capacidad de adaptación. La adaptación es la clave de la fuerza, de la supervivencia. Sus raíces son más profundas que las de la inteligencia, más profundas que las de cualquier tejido; es algo celular, axiomático.

 

El plato fuerte: El más flojo para mí de todos los relatos, quizá por el cambio tan radical de voz que hay. Puede que se deba a estar escrito junto a Laurie Channer, y perder parte de la pureza de Watts, no lo sé. En un futuro impreciso, los humanos descubren que las orcas son seres racionales capaces de comunicarse con los humanos, gracias al desarrollo de un traductor que interpreta sus sonidos. Quizá lo más destacado sea la crítica a la caza indiscriminada de especies marinas con su consecuente destrucción y extinción.

 

¿Por qué está bien que los tiburones maten bebés de foca? Porque los tiburones no son agentes morales. No pueden ver las implicaciones éticas de sus actos.
¿Por qué está mal que la gente mate bebés de foca? Por todo lo contrario.

 

Como veis, cada uno diferente y cada uno con su genialidad. Como siempre, la edición de Fata Libelli es impecable, de esos ebooks con clase que da gusto leer y disfrutar, no sólo por el contenido sino también por el continente. Y como siempre, una genial banda sonora para acompañar la lectura: una lista en Spotify llamada “Ad Astra: música espacial para mamíferos astronautas”. Aunque no sea experta en el género, aunque probablemente no haya sabido explicaros bien la genialidad de Watts, hacedme caso y leeros este libro. Merece, y mucho, la pena.

 

 

Título: Ad Astra
Autor: Peter Watts
Editorial: Fata Libelli
ISBN: 9788494150623
Páginas: 169
Precio: 4,90€