Diastole-leersinprisa

A mediados de la semana pasada decidí, de buenas a primeras, ir a pasar el fin de semana a Barcelona. Por circunstancias de la vida se me planteaba la posibilidad de ir, y buscando opciones culturales para poder disfrutar los dos días que pasaría allí, descubrí que Emilio Bueso iba presentar su último libro Extraños Eones en la Librería Gigamesh. Desde ese momento una palabra resonaba en mi cabeza: Diástole.

 

A finales de diciembre descubrí que en Amazon tenían por 3,28 € el ebook de Diástole. Desde el momento que lo publiqué en Twitter, todo mundo me recomendó que la comprase, diciéndome todos los que la habían leído que era de las mejores novelas de Bueso, si no la mejor. Y ahí quedó esperando su momento, resonando en mi cabeza. Diástole. Pensaréis que es una tontería, pero sentí que ir a la presentación de la última novela, habiendo comprado ya 2, y sin haber leído ninguna suya, no tenía demasiado sentido. Por eso aparqué todo lo que estaba leyendo y me puse con ella.

 

Diástole transcurre durante cuatro noches, cuatro noches extrañas, en las que un yonqui, antiguamente pintor, va a dedicarse a pintar el retrato de un ruso que aparece sospechosamente en su vida. Las condiciones son muy claras: tiene cuatro noches para pintar un retrato, cada noche posando de un modo diferente al anterior, el cuadro no puede salir de la casa y ha de utilizar tanto los lienzos como las pinturas que le proporcione el tal Iván al que va a retratar. La casa donde va a efectuar su retrato es una gran mansión, aparentemente vacía excepto por Iván, el guarda, un par de perros y una extraña mujer de la que solamente parecen ver sombras.

 

Todo suena muy extraño pero nuestro amigo Jérôme necesita el dinero para sus dosis de heroína y por lo tanto acepta el trabajo. Durante la narración se irán intercalando distintos tipos historias, principalmente la historia de la vida de Iván, que irá contándosela al pintor mientras éste efectúa su retrato. Por otro lado, el propio Jérôme nos irá narrando los trayectos hasta la mansión, y las circunstancias que rodean su vida en los últimos tiempos. Desde mi punto de vista, lo más destacable son los viajes en coche y sobre todo el tiempo en que Jérôme trabajó de teleoperador.

 

Y a mí me da que nadie se dará cuenta, si un día desaparezco. Tengo cuarenta y un años, cincuenta y siete euros, un Talbot Horizon al que se le acaba la gasolina y el aceite, que no atravesará ningún control policial; y no, no tengo donde caerme muerto, si no es en mi coche, que acaba de caerse muerto.

 

En muchos, muchos puntos la narración de Bueso es muy divertida, pasando páginas a toda velocidad y haciendo que te diviertas de lo lindo. En otros puntos, la historia es más cruda, narrando la vida de Iván en Rusia con las condiciones extremas de clima y de la historia que le tocó vivir.

 

Pero por encima de todo, con lo que me quedo es con la prosa de Bueso, con esa manera utilizar el lenguaje que consigue que la narración sea muy ágil y fluida, y consiguiéndolo con vocabulario muy cuidado:

 

Recorrer la ciudad apestada era abrirse paso por la ignominia de una civilización a medio arruinar, lustro y pico transcurrido desde el incidente. Farolas vencidas por el peso de la nieve que llevaban todo el invierno sin poder derretir, nadie para enderezarlas o hacerlas a un lado del camino. Un estadio con las gradas llenas de hojarasca. Un estanque seco. Bares abiertos sin luz ni borrachos. Un silencio capaz de vaciarte la cabeza y hacértela estallar al vacío. Un parque de atracciones a merced de la necrosis, su noria combándose, enorme, abandonada a su propio peso; autos de choque reflejando la luz de la luna por los puntos en los que todavía no habían comenzado a oxidarse. Carteles colgantes ilegibles, rechinando al paso del viento. Árboles de salud enloquecida, unos tratando de florecer en pleno invierno, otros de hoja caduca que ya no sabía caducar. Cascotes de una baranda desmoronada que sorteábamos al correr entre las calles. Un banco insultantemente nuevo, sin usar, crujiendo por el poco uso, bajo los pies de Ksyusha a plena carrera. La silueta a lo lejos de un hombre corpulento, enfundado en un kabdt, un abrigo eslovaco de piel de oveja.

 

Aunque imaginaba que el libro iba a ser bueno (no todo el mundo podía estar equivocado) no me esperaba una prosa tan brillante. Quizá si lo hubiera leído después de ir a la presentación del sábado no me habría llamado tanto la atención este punto, porque Bueso escribe tan bien como se expresa hablando. No sé por qué extraño motivo esperaba otro tipo de narrativa, de vocabulario, quizá no tan cuidado ni tan elaborado. Y no por nada, sino por simples prejuicios de género. La sorpresa ha sido más que grata, y para muestra tenéis este párrafo que os cito. Por más que lo intente, esta reseña no le hace justicia al libro, ni de lejos.

 

Ha sido uno de esos libros que me ha dado mucha pena terminar. Sé que tengo otros 3 libros suyos esperándome ya en casa, y que alguno de ellos caerá pronto (Extraños Eones me grita desde la mesa).  Pero me ha fascinado la historia de Jérôme, las pinceladas de los cuadros citados a los largo del libro, el frío ruso transmitido a través de sus palabras, la relación de amor-odio con su coche. Gracias a todos los que me recomendasteis esta novela. Da gusto tener tan buenos consejeros.

 

*Diástole ganó el premio Celsius en la Semana Negra de Gijón 2012.

*Mi agradecimiento al autor por dedicarme Extraños Eones, y sobre todo por molestarse a charlar 5 minutos con los que estábamos allí a la cola. Denota una cercanía y un agradecimiento del que hoy en día no todos los autores poseen. Gracias, Emilio.

 

 

Título: Diástole
Autor: Emilio Bueso
Editorial: Salto de página.
ISBN: 9788415065982
Páginas: 240
Precio: 18€
Ficha del libro en Salto de página:http://www.saltodepagina.com/libro/diastole-34/